CULTURA

José Luis Anchelergues repasa los 30 años del Festival de Cine de Zaragoza

El director del Festival de Cine de Zaragoza, José Luis Anchelergues, hace un balance positivo de esta muestra, una de las pocas que mantiene al mismo director desde sus inicios. Con la celebración de este 30 aniversario, el festival se saca la espina de las bodas de plata que no se pudieron celebrar por la pandemia.

José Antonio Alaya

Zaragoza |

La Sala Mozart del Auditorio acogió el pasado sábado la gala de clausura del Festival de Cine de Zaragoza, que nació en 1995 con la denominación de Festival de Jóvenes Realizadores. Sorprendentemente, por aquel entonces Zaragoza, cuna del cine español, carecía de un evento cinematográfico. Lo que comenzó siendo una muestra dirigida a los jóvenes creadores, sobre todo de cortometrajes, acabó abriéndose doce años después a todo tipo de producciones audiovisuales y cambiando su denominación a Festival de Cine de Zaragoza.

Desde entonces, el festival no ha dejado de crecer en participación y prestigio, por ejemplo, siendo designado como festival calificador de cortometrajes en los Goya: "esto supone que el ganador de nuestro festival pasa a ser finalista directo de los Goya; además, si un candidato presenta ocho certificados como finalista en otros tantos festivales calificadores también pasa la criba a la final", explica el director de la muestra, José Luis Anchelergues. Además de los Goya, cuenta con la misma condición de festival calificador para los premios Feroz y los Fugaz.

El 30 aniversario del festival ha contado con una participación récord, con más de 1600 cintas procedentes de 53 países. Recibir tal número de trabajos ya hizo necesario, hace unos diez años, la creación de varios comités de calificación para poder ver todo lo que se recibía. Los miembros de este comité pasan, de forma desinteresada, entre cuatro y cinco meses dedicados al visionado de cintas: "puedo asegurar que algunos de los miembros de mi comité aprovechan sus vacaciones de verano para ir viendo películas", concluye Anchelergues.