El nombre remite a Acilia Plecusa, una mujer real de la Bética romana cuya historia —documentada en inscripciones y cuyo mausoleo puede visitarse hoy reproducido en el Museo de Antequera— resulta tan excepcional como simbólica. Nacida esclava en la cercana Singilia Barba, Acilia logró ascender hasta convertirse en una matrona influyente y respetada en la sociedad del siglo II. Su vida, marcada por la resiliencia y la dignidad conquistada, sirve aquí como metáfora de un aceite que reivindica la tierra, el tiempo y el trabajo paciente.
