La esperada final del Masters 1000 de Cincinnati entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, los dos grandes referentes del tenis mundial actual, terminó antes de lo previsto. El italiano, visiblemente mermado desde el inicio del encuentro, decidió retirarse cuando el marcador señalaba un contundente 5-0 a favor del murciano.
Desde el primer juego se percibió que Sinner no estaba en condiciones de ofrecer su mejor nivel. Alcaraz comenzó restando con agresividad y se llevó el primer servicio del italiano en blanco. La escena se repitió poco después: dobles faltas, errores no forzados y un lenguaje corporal apagado del número dos del mundo, que apenas podía oponer resistencia.
Mientras tanto, el español no desaprovechó la oportunidad de golpear primero. Pese a un bajo porcentaje inicial de primeros servicios, su capacidad para dominar con la derecha y la efectividad en las dejadas le permitieron encadenar juegos con autoridad hasta situarse 3-0 en menos de un cuarto de hora.
“No estamos bien, no tenemos energía”, llegó a confesar Sinner al equipo médico cuando pidió asistencia en pista, síntoma claro de lo que acabaría ocurriendo.
La impotencia de Sinner y la despedida anticipada
Con 4-0 en contra, el entrenador de Alcaraz, Samu López, le pidió a su pupilo que no especulara. El murciano obedeció: firme al servicio y agresivo al resto, firmó otro break que dejaba el duelo visto para sentencia.
El italiano intentó alargar la agonía con un ace en el sexto juego, pero inmediatamente después volvió a cometer una doble falta que puso el 5-0 en el marcador. Poco después, se acercó a la red, conversó con Alcaraz, le pidió disculpas y anunció su retirada por falta de fuerzas.
La de Cincinnati era la decimocuarta entrega de la saga Alcaraz-Sinner, una rivalidad que ya marca la época en el tenis masculino. En lo que va de año, ambos se han enfrentado en tres finales previas: Roma (victoria de Alcaraz), Roland Garros (remontada épica del español) y Wimbledon (donde Sinner se llevó el título).

