Un efecto que tiene números, fechas, nombres y resultados año tras año y que con un poco de memoria, demuestran que lo del piloto madrileño es la historia de una carrera que solo parece mejorar.
DEBUT EN FÓRMULA 1: TORO ROSSO (2015–2017)
La primera vez que Sainz se subió a un Fórmula 1 cargaba con dos presiones: el peso de su apellido y un compañero explosivo, Max Verstappen. En ese escenario, lo fácil habría sido quedar eclipsado. Nada más lejos. Toro Rosso encontró en él algo inusual en un debutante: orden, claridad y método. Tres cualidades que no llenan portadas, pero sí sostienen un proyecto a lo largo de un año.
Mientras el foco mediático giraba hacia Verstappen, Sainz se consolidó como una pieza fiable en desarrollo y trabajo técnico. Aquellos años fueron, de hecho, uno de los ciclos más estables del equipo. En 2015, Toro Rosso terminó séptimo en constructores con 67 puntos, 37 más que la temporada anterior. Un salto notable para lo que era entonces la estructura de Faenza.
SEGUNDA ETAPA: RENAULT (2017–2018)
Llegó a mitad de 2017, sin pretemporada, sin adaptación y sin margen de error. Aun así, puntuó desde su debut. Renault, que venía de terminar sexto en 2016, necesitaba referencias sólidas y datos consistentes para validar su plan de crecimiento.

Sainz aportó ambas cosas. Ingenieros del equipo reconocieron posteriormente que parte del desarrollo del coche de 2019 se apoyó en la información recopilada durante aquellos meses.
No fue un fichaje de portada, pero sí un engranaje decisivo: el tipo de aportación que solo se valora cuando falta. En 2018, Renault alcanzó la cuarta posición en el campeonato de constructores, su mejor resultado desde el regreso como equipo oficial.
MCLAREN (2019–2020): LA RECONSTRUCCIÓN
La etapa de Sainz en McLaren es una de las más citadas dentro del paddock. El equipo había pasado del derrumbe deportivo al desconcierto estructural, y necesitaba recuperar identidad. Sainz se convirtió en un elemento estabilizador: regularidad, liderazgo y método.

En Brasil 2019 llegó su primer podio en Fórmula 1, heredado tras una sanción a Hamilton, pero cimentado en una carrera impecable desde el fondo de la parrilla. Fue un símbolo: McLaren volvía.
La temporada terminó con McLaren cuarto en constructores con 145 puntos. En 2020 repitieron crecimiento, consolidando la reconstrucción.
FERRARI (2021–2024): EQUILIBRIO Y MADUREZ
Sainz no solo ganó carreras en Ferrari; aportó algo incluso más valioso: equilibrio.
En 2021 superó a Leclerc en puntos.
En 2022 logró su primera victoria en Silverstone.
En 2023 firmó la única victoria no-Red Bull del año, en Singapur.

Y en 2024, sabiendo que no continuarían con él, cuajó algunas de las actuaciones más inteligentes y completas de su trayectoria. A día de hoy, sigue siendo el último ganador de Ferrari, gracias a su triunfo en el Gran Premio de México.
Lo que hace tan significativa su temporada posterior es precisamente esto:
tras ser sustituido, no se vino abajo; se elevó.
Y eso, en Ferrari, no ocurre con frecuencia.
WILLIAMS (2025– ): OTRA “SMOOTH OPERATION”
El salto competitivo de Williams coincide directamente con su llegada. Más puntos, mejor ritmo, mayores garantías técnicas. El equipo que llevaba años buscando rumbo encontró, por fin, un piloto capaz de dárselo.
Sainz ha devuelto la vida a Grove: dos podios (Bakú y Qatar), regularidad en carrera y una influencia clara en el desarrollo. El resultado: pasar de ser novenos a ocupar la quinta plaza en constructores, la mejor clasificación de Williams desde 2017.

Es aquí donde Carlos deja de ser anécdota para convertirse en patrón. Su carrera demuestra algo que trasciende victorias o podios: donde pisa, los equipos crecen. Lo hizo en Toro Rosso, Renault, McLaren, Ferrari y ahora en Williams. Una década de pruebas basta para entender por qué el paddock ya no habla de "casualidad". Es el "Efecto Sainz". Se tiene o no se tiene.

