OBITUARIO

Gracias por ese fútbol, por estas lágrimas

Diego Armando Maradona es considerado por muchos el mejor futbolista de la historia. En el recuerdo quedan sus gambetas, sus regates, sus controles, sus vaselinas... su arte puro.

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Alfredo Martínez

Madrid | 25.11.2020 19:58

Maradona levanta la Copa del Mundo en el Mundial 1986
Maradona levanta la Copa del Mundo en el Mundial 1986 | EFE

Maradona ya era mito en vida. Su arrolladora personalidad, su fuerte carácter, su forma de ser, su vida exagerada convirtieron a Maradona en vida en una auténtica leyenda a un a nivel que solo se alcanza al morir. Pero Maradona era eso, más que una persona. Un mito que tiraba y a veces arrastraba con una leyenda casi insoportable un nombre que pesaba mucho en la historia. El nombre de uno de los cuatro fantásticos del mundo del balompié retirados. El elenco de elegidos al que pocos llegarán junto a ellos. Pelé, Di Stefano, Cruyff y Maradona.

Es difícil separar el Maradona excelso del césped, del tapete verde, del Maradona desbocado y provocador tras su retirada. Salpicado por los excesos y la droga, ni siquiera esa imagen fue capaz de apagar la estrella futbolística que había sido y que nos enamoró, encandilando a propios y extraños, con un dominio del balón inigualable, con unos malabarismos solo aptos para Dioses del balón, por que por encima de todo Diego era un Dios del balón. Lo amaba pero lo dominaba, lo sometía, lo acariciaba, lo mimaba. Era casi una extensión de su cuerpo. Posiblemente nunca nadie lo trató con tanto mimo, con tanto cariño.

Maradona fue siempre diferente

" El pelusa" , como le conocieron por su larga cabellera en épocas jóvenes era un auténtico malabarista del cuero. Míticos son los momentos de calentamiento que vivía en San Paolo, en el estadio del Nápoles antes de comenzar los partidos al ritmo del "Live is Live", vídeo icónico que refleja la perfección el matrimonio indisoluble que formó el Diego con la pelona. Una amistad inquebrantable, un amor mutuo que les llevó a conquistar las más altas emociones del fútbol mundial. Maradona fue siempre diferente. Venerado hasta la constitución de la Iglesia Maradoniana, idolatrado y defendido hasta en los imposibles.

A España llegó joven y en plenitud para demostrar que era un elegido y que el único límite que existía a su fútbol era la imaginación, y Maradona era muy creativo. Fue un paso efímero. La hepatitis, las malas compañías, y una dura y desafortunada entrada de Goicoechea acabaron por apagar su ilusión en España.

Maradona era el rey de Nápoles

Cuando visité Nápoles pude comprobar la admiración que sentía el pueblo italiano por su Maradona. Un jugador que les había hecho alcanzar el clímax deportivo logrando el Scudetto ante los gigantes del Norte. Maradona era el Rey de Nápoles. Murales gigantescos, carteles y enormes fotografías recordaban en cada esquina de los barrios más antiguos que un día Maradona Reinó con la camiseta celeste en lo más alto del fútbol italiano.

Su plenitud llegaría en el Mundial azteca de 1986. Con 26 años coronó a su país con un Mundial en el que de camino vengó a toda una patria derrotando a los ingleses con un gol que, como no, sería bautizado como "la mano De Dios" y con la jugada de todos los tiempos, una carrera frenética sorteando ingleses hasta convertir el que para muchos ha sido el gol más bello jamás marcado.

Protagonista de enormes episodios, nunca dejó indiferente a nadie, se involucró, se pronunció, fue utilizado y no supo vivir de su nombre. El apellido Maradona pesaba demasiado para un cuerpo menudo como el de Diego. Y a pesar de todo le seguíamos admirando, recordábamos sus gambetas, sus regates, sus controles, sus vaselinas.... su arte puro. Porque Maradona nos dio tanto, tanto, tanto, que nada podrá jamás borrar de nuestra memoria esos recuerdos, recuerdos de una vida, la de EL Diego, la del El Dios del fútbol por excelencia.

Gracias Diego por ese fútbol, por esos momentos.... por estas lágrimas.... como bien relató Víctor Hugo Morales para engrandecer la gesta de Maradona ante los ingleses. ¿De qué Planeta viniste?

Hasta siempre Diego.