El Taipei 101 es un rascacielos en forma de pagoda, pero con 8 alturas, mide 508 metros y es el rey del skyline financiero de Taiwán. Ayer el norteamericano Alex Honnold lo coronó batiendo el récord mundial en escalada "free solo", es decir, sin cuerdas, sin arneses, donde cualquier error… cuesta caro.
No se siente así Carlos Alcaraz, es evidente, pero sí está exhibiendo un tenis algo reivindicativo en Australia. Sin Ferrero, hay muchos que respetan su divorcio y otros que recurrirán, si no culmina, al "normal, despediste a tu entrenador, monstruo".
El caso es que el murciano está poniendo todo de su parte para acabar con el maleficio en este Grand Slam que es el que le falta en su vitrina. Ni la humedad ni el calor están haciendo mella como en otros que, salvados por el protocolo de salud, siguen en el cuadro mirando con recelo a la raqueta de Carlitos.
En el deporte de élite ya sabemos cómo se las gasta la cabeza. Y más en una solitaria disciplina como esta en la que no paras de centrifugar golpes que se van cuando tú los imaginabas besando la mismísima cruceta.
Alcaraz está centrado, mazado, dispuesto y siempre con ganas de empapar con buen rollo todo lo que hace. Ha sido elegante en la separación (podía haber contado detalles que dejarían a su ex como un Simeone del tenis, por los emolumentos recibidos y, sobre todo, por los solicitados) y ha preferido llenarse de presente y futuro los pulmones.
No soy pitoniso, pero quizá este año sea el momento de reinar, con permiso de De Minaur el martes, está Sinner algo tieso y Djokovic muy ascético: lo primero que volvió a hacer al aterrizar en Melbourne es irse al jardín botánico a abrazar a un árbol icónico como lleva haciendo desde 2005. "Estoy conectado a él". ¿Esto ya le pasó a Tita Cervera no?
