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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Aunque no se atreven a decírselo, los suyos piensan: Puigdemont, véngase o váyase"

Pregunta inocente para iniciar la jornada: ¿y si los popes independentistas se dan un baño de realidad, aceptan lo que hay y proceden, de una vez, a un relevo general de nombres, de caras y de ideas para gobernar Cataluña?

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 16/07/2018 a las 15:55 horas

Tienen la mayoría absoluta, es impepinable. De los 135 diputados, independentistas son setenta. Pero hasta ahí llega la evidencia. Todo lo demás, parlamentarios que pretenden serlo viviendo en otro país, diputados que están imputados en procedimientos judiciales graves, algunos de ellos en prisión preventiva, un ex president que se empecina en volver a serlo atrincherado en un bosque de Flandes, todo lo demás es un despropósito que quienes aún tienen alguna visión de futuro saben que es eso y sólo uso: un dislate. Una batalla ridícula por embarrar ahora el terreno que a la vuelta de un año se verá como lo que fue: una estúpida pérdida de tiempo.

No prolonguen más la agonía y procedan de una vez al cambio del reparto. Todos los protagonistas de la etapa anterior están abrasados.

Mal lo deben de ver cuando tantos de ellos, viendo cómo sopla el viento, se están dado de baja ellos solos.

• La señora Forcadell, tan satisfecha como estaba de su gestión al frente del Parlament, dice ahora que con ella no cuenten. Que busquen alguien limpio de procedimientos judiciales.

• Lo dice diez minutos después de que el hombre en el que había pensado Esquerra para sustituirla, Mundó, cogiera por sorpresa la puerta y abandonara política. Extraño caso éste de un señor que pide la confianza a los ciudadanos para representarlos en el Parlamento y cuando estos se la dan, los deja tirado.

• Pero es que no es único que lo ha hecho. La señora Lloveras, candidata de Junts per Cataluña, ante la perspectiva de que corra la lista y le toque ser diputada a ella, también se borra porque, en realidad, pidió el voto teniendo ya decidido que no sería bajo ningún concepto diputada. Qué listas más raras se han presentado a estas elecciones, oiga.

• Hay dos que todavía no se van pero prometen renunciar si a su grupo se le ocurriera hacer lo que Puigdemont prometió en la campaña, es decir, seguir adelante con la República Catalana y el resto del repertorio. Éste es el caso, no menos sorprendente que los anteriores, de los señores Sánchez y Forn, diputados electos de Junts per Catalunya que han tratado de convencer al Tribunal Supremo que se han vuelto los dos constitucionalistas. Es decir, que ahora admiten que el único camino legal para la independencia es la reforma constitucional y que sólo ése están dispuestos a recorrer. Si su grupo vuelve a las andadas, ellos se van a su casa. Y al gobierno, Forn dice que no piensa volver.

Vaya, podían haberlo dicho durante la campaña, para que sus votantes supieran que estaban votando el regreso a la senda constitucional —caminemos todos juntos y yo el primero, que diría Fernando VII—. Y para que lo supiera Puigdemont, que no parece que esté diciendo allá en Bruselas lo mismo que sus peones dicen aquí, ante los jueces del Supremo.

Qué empeño el de los abogados de los imputados por darle aire al hito que, según ellos, supone la declaración de sus defendidos: nunca antes habían expresado con tal claridad, dicen, su compromiso con la legalidad.

Vamos a ver qué opinan los tres jueces que les escucharon decir esas cosas. Y si han sido lo bastante persuasivos para eliminar la sospecha de que puedan acabar fugándose o reincidiendo.

A cinco días de que se constituya el nuevo Parlamento catalán, los diputados del grupo puigdemonónico se plantan hoy en Bruselas a recibir doctrina de su líder espiritual, el prófugo. No habrá nadie que se atreva a decirle lo que algunos de ellos sinceramente piensan, lo mismo que piensa Artur Mas, lo mismo que piensa Marta Pascal, lo mismo que piensa Oriol Junqueras: que la marcianada de la investidura a distancia da para unos días de tertulias y ocurrencia pero no sirve para poner en pie un gobierno que merezca tal nombre. Puigdemont, véngase o váyase.

Una entidad catalana insta a la fiscalía a que actúe por delito de odio contra La familia del verdugo. ¿La familia de quién? La familia del verdugo. Es el nombre que se ha puesto una chirigota de Chiclana que ha elegido como asunto para el concurso del carnaval de este año el 155 y Puigdemont. O cómo el 155 sirve para condenar a Puigdemont por traición y las autoridades dudan si la pena debe ser cortarle el pelo o cortarle la cabeza. Aviso para gentes desinformadas que aún no saben en qué consiste el carnaval, o las chirigotas, o en general, el sarcasmo como instrumento para entretener al público: que se haga chanza de un personaje y se finja su decapitación en la guillotina no significa que se esté intentando cortarle la cabeza al de verdad.

Aclarado lo cual, un pasaje de la actuación chirigotera para que usted juzgue si le divierte, le escandaliza o ni una cosa ni la otra.

Es una burla al llamado derecho a decidir, o a la pretensión de que todo lo que vote la gente es legítimo llevarlo hasta sus últimas consecuencias. En fin, Puigdemont todavía no se ha pronunciado sobre La familia del verdugo, aunque como está todo el día mirando tuiter seguro que acabará haciéndolo. O no. Después de todo, tampoco se ha pronunciado sobre la despedida de Artur Mas, que se cortó a sí mismo la cabeza con el recado añadido de que Puigdemont hiciera lo mismo. Guillotinarse, como en el escenario del teatro Falla.