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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "La urgencia es acoger este barco, pero la UE necesita una estrategia para todos los demás"

A la emergencia se ha de responder con urgencia. A los fenómenos sociales complejos se ha de responder con estrategia.

@carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 12/06/2018 a las 08:21 horas

El nuevo gobierno de España respondió ayer con urgencia a la emergencia declarada en aguas europeas una vez que las autoridades italianas negaron autorización al barco Aquarius para desembarcar a las seiscientas personas rescatadas en alta mar.

Donde el nuevo gobierno italiano ha debutado cerrando sus puertos a un barco lleno de africanos el nuevo gobierno español se estrena abriéndole las puertas a ese barco.

Un gesto. Una actitud. Buena intención y una sensibilidad encomiable. Salvo que para llevar un barco como el Aquarius desde Malta hasta Valencia no basta con anunciarlo. Ese barco está en misión de rescate. Significa que el recorrido que hace ha de ser necesariamente corto. Por el número de personas que lleva a bordo y las condiciones en que éstas se hallan.

Médicos sin fronteras ha agradecido el ofrecimiento del gobierno de España pero ha puesto reparos: no parece que un barco saturado de personas en condiciones precarias deba recorrer mil trescientos kilómetros para encontrar un puerto que lo reciba. No sería un viaje seguro, ha dicho la ONG.

Lo que Médicos sin fronteras está haciendo es distinguir, con buen criterio, la emergencia concreta de este barco, para el que la Unión Europea debe encontrar destino ya, del fenómeno permanente que supone la salida de cientos de personas cada día de la costa de Libia para llegar a Europa.

La respuesta inmediata de Sánchez, atendiendo a razones de pura humanidad, ha merecido el aplauso de Unicef, del comisario europeo de inmigración, del gobierno de Malta y de buena parte (seguramente muy mayoritaria) de la sociedad para la que gobierna.

No se abandona a seiscientas desesperadas en un barco en alta mar.

• No se le niega de un día para otro a una ONG que lleva meses trabajando en el Mediterráneo permiso para llegar a tierra.

• No se utiliza a emigrados —pobres de solemnidad— como rehenes para usarlos en un pulso a los demás gobiernos europeos.

Y todo eso ha hecho el nuevo gobierno de Italia. La Liga y el Movimiento Cinco Estrellas. Los dos partidos que cuentan con el mayor número de apoyos entre los italianos.

La urgencia es acoger este barco.

La estrategia es qué hacer con todos los demás.

El siguiente paso del nuevo gobierno habrá de ser exponer cuál es la política migratoria que defiende para España y para la Unión Europea. Si además de haber recibido a este barco habríamos dado el paso de recibir a cualquiera otro de los que tienen las ongs en el Mediterráneo. Cualquier otro barco y todos los barcos si es preciso.

Y por ahí ha ido el análisis de José Borrell, el ministro con más experiencia europea de este gobierno. Subrayando que cuando se resuelva la situación de este barco el fenómeno complejo, y nunca resuelto, seguirá estando ahí.

Toménselo como un acto simbólico. Bien sabe Borrell que para recibir a un barco y acoger a seiscientas personas tenemos procedimientos y recursos más que suficientes pero para recibir a todos los demás barcos no estaríamos, de un día para otro, igual de preparados. Ayer les contamos que este fin de semana fueron más de mil las personas que desembarcaron en Calabria, trasladadas tres barcos distintos que sí tuvieron autorización. En Italia, porque Malta les había dicho que allí no fueran. Sólo Italia tiene hoy —como Alemania tuvo cuando la crisis de los refugiados— medios dispuestos para atender un flujo permanente de cientos de rescatados cada semana. A Italia han llegado cuatro mil personas en un solo día. Italia recibió el año pasado a 120.000 rescatados. Doscientos Aquarius.

Y aunque de este nuevo gobierno de Italia, fruto de la coyunda de un partido xenófobo antieuropeo con un partido populista euroescéptico, no cabe esperar otra cosa que un endurecimiento de la política migratoria, no está de más recordar hoy que ya el gobierno anterior, el de Gentiloni, socialdemócrata, amenazó hace once meses con cerrar los puertos si la Unión Europea no ayudaba.

Que el comisario de Inmigración, Avramopoulos, celebre la disposición de España a recibir al Aquarius es una curiosa manera de quitarse él de en medio. Que la celebre el gobierno de Malta es una broma de mal gusto. Que la celebre Salvini es una prueba más de su oportunismo. Si consigue que los barcos se lleven los inmigrantes a otro país él se presentará (ya lo está haciendo) como el ganador del pulso a esa Unión Europea en la que no cree. Habrá probado que si otros países quisieran, Italia no tendría que acoger ella sola a más de cien mil personas cada año. Gracias, Pedro Sánchez, por haberle dado la razón a la Liga y el Movimiento Cinco Estrellas.

Atendiendo a razones de pura humanidad, Sánchez ha dado el paso que el gobierno de Di Maio y Salvini deseaba. Ahora no queda otra que dar el paso siguiente: exponer la política migratoria del nuevo gobierno de España y dar la batalla de la corresponsabilidad en Bruselas.

Sí que han cambiado las cosas, sí. Éste era Donald Trump el pasado septiembre. Lla-mando rocket man a Kim Jon Un y avisándole de que Corea del Norte sería destruida.

Ocho meses después, Trump se ha pasado la noche en animada conversación con rocket man en un hotel de lujo de la isla Sentosa de Singapur. Primero posaron ante los reporteros. Y empezó fuerte Trump porque les pidió que obraran un prodigio: sáquennos guapos y delgados, les dijo, no se sabe si queriendo lanzarle una pulla a su nuevo amigo, el hijo de Kim, nieto de Kim y Kim él mismo.

Seis banderas de Corea del Norte, seis banderas de Estados Unidos. La pretensión del régimen represivo norcorerano siempre fue que en todos los símbolos se percibiera que ambos países, ambos presidentes, se reúnen de igual a igual, y esa pretensión la ha conseguido. De tú a tú, el presidente elegido en las urnas por los estadounidenses, máximo responsable de una de las principales potencias económicas del mundo, y el presidente que heredó el cargo de dictador de su padre, máximo responsable de un régimen que no tolera la discrepancia, la pluralidad política, y que invierte un dineral en pruebas armamentísticas mientras su población depende del programa de alimentos de la ONU para poder comer.

Seguramente se habrá sentido Trump esta madrugada como Nixon cuando viajó a Pekín a conocer a Mao. Hasta entrada la mañana no contará la pareja a qué acuerdos han llegado. Si es que han llegado. Habrá que ver si Trump ha conseguido atraerse al norcoreano al compromiso de no montar un tifostio nuclear, aunque tampoco es Trump ahora mismo el más indicado para reclamar a nadie el cumplimiento de los compromisos porque él ha devaluado la palabra de Estados Unidos saltándose los acuerdos de su antecesor en el cargo.