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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Parafraseando a Tarradellas: de Bruselas se vuelve, pero del ridículo, no"

El foco, para lo que queda de semana, en estos dos jueces:

• Carmen Lamela, Audiencia Nacional.

• Pablo Llarena, Tribunal Supremo.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 02/11/2017 a las 08:11 horas

En sus manos está la investigación sobre la presunta sedición y rebeldía que el fiscal general imputa al gobierno destituido de Cataluña y a los miembros de la mesa del Parlamento que hicieron posible la proclamación de la República fantasma. Y en manos de estos dos jueces está, por tanto, la situación de todos los encausados, desde el desahuciado Puigdemont a la desfondada Forcadell pasando por el piadoso Oriol Junqueras.

El juez Llarena empieza a tomar declaración esta mañana a los aforados del Parlamento catalán. La juez Lamela a los ex consejeros, que al cesar han perdido el fuero. El valiente Puigdemont, como se sabe, ha huido a Flandes en un burdo intento de esquivar la acción judicial y sobre él lo que habrá de decidir la magistrada es si consiente en que declare por videoconferencia, como pretende el valiente, o le ordena personarse en Madrid y dicta orden de detención en caso de que se resista.

¿Conviene que Puigdemont regrese a España esposado y con dos guardias, como si fuera El Lute? Ésta es la pregunta del día entre los estrategas políticos y calculadores de riesgos. ¿Le vendría bien al independentismo en desbandada la coartada del Puigdemont detenido para recuperar vuelo? ¿A cincuenta días de unas elecciones, y habiéndose aplicado el 155 sin hacer un ruido, se embarraría el campo si hubiera ahora detenciones o encarcelamientos?

Nótese que el verbo con el que se formula la pregunta, conviene, es propio de políticos y comentaristas. Entre jueces el verbo es otro. No es conviene sino procede. ¿Procede que Puigdemont, si persevera en la fuga, sea detenido para llevarle a declarar? La respuesta le corresponde sólo a ella, a la juez Lamela, a sabiendas —porque vive en este mundo— de todas todo esto que los demás andamos diciendo pero obligada a actuar conforme al criterio que ella entienda proporcionado al desplante y justo.

Además de Puigdemont, escaqueitor, están los otros. En su misma situación de prófugos los cuatro ex consejeros que están de vacaciones con él en Bruselas. Y en situación distinta, pero también delicada, los que sí acuden hoy a la Audiencia Nacional y los diputados que van al Supremo. En el caso de todos ellos, los que sí se personan hoy y mañana, compete a la Fiscalía valorar si solicita prisión preventiva y compete a los dos jueces decidirlo. Uno de los motivos, recuerden, que permite a un juez tomar la medida cautelar severa de enviar a un investigado a prisión es el riesgo de fuga. Y como ayer dijo alguno de los encausados, Puigdemont, al fugarse, les ha complicado la vida porque ha probado que, en efecto, hay cargos públicos que se llenan la boca de compromisos y solemnidades pero, en cuanto pueden, se ponen la gorra y la peluca y escapan por la alcantarilla.

Esté tranquilo el señor Nuet, que es quien ayer dijo esto, porque Llarena y Lamela valorarán cada caso particular. Cada persona es un mundo. Lo que más perjudica, en realidad, a la defensa de los que se han quedado es la chapa que está dando Puigdemont con la historia ésta de que todos están coordinados y actúan bajo una misma estrategia.

Parafraseando a Tarradellas, de Bruselas se vuelve, del ridículo no. Con elecciones en diciembre y nuevo president para primeros de febrero, el acabado Puigdemont se esfuerza en convencerse a sí mismo de que aún pinta algo en esta historia.

Anoche escribió unos pocos párrafos en un papel y los difundió bajo el título, exótico, de "comunicado del gobierno legítimo de Cataluña". Lo de gobierno en el exilio ha debido de parecerle demasiado insultante para los exiliados de verdad incluso a él, presidente fantasma. No dice nada aprovechable, más allá de la reiteración en erigirse en libertador del pueblo catalán y en presentar su huída como una acción de alta política.

Mientras Puigdemont está en engordar su portfolio de comediante, su ex pareja Junqueras está en amarrar votos. Doble campaña ya en marcha: campaña electoral y campaña de blanqueo.

El lunes se personó en TV3 para que le hicieran una entrevista —y soltó un mitin— y ayer le envió una carta pastoral al New York Times que el diario neoyorkino ha tenido la gentileza de publicarle sin pasarle antes el detector de posverdades que utilizan con Donald Trump. Porque si le hubieran pasado el detector de fakes se habría disparado el sistema antincendios y se le habrían empapado la mitad de los ejemplares.

Junqueras amontona tópicos, distorsiones, exageraciones y reescribe la historia para presentar la DUI como respuesta a las cargas policiales del primero de octubre. No tiene mayor relevancia lo que escribe, Lo interesante es lo que busca. Ésta es su forma de dar por amortizado a Puigdemont, por supuesto —pobre diablo— y a Junts pel Si. Es su forma de decirle al público que el alma de la República es él y sólo él. Alma viva de la República que nació muerta. Y también, de buscarse a sí mismo una coartada después del sonado naufragio.

Mantengamos a la parroquia distraída, ¿verdad, Oriol?, no vaya a caer uno de estos días en la cuenta de que era usted quien tenía encargada la construcción de las estructuras de estado (así las llamaron) que permitirían hacer efectiva la Independencia a pesar del Estado. No vaya a recordar el personal afecto que fue este Junqueras quien garantizó que todo estaría listo y que las empresas tributarían a la nueva Hacienda catalana. No vayan a caer en la cuenta de que fue Junqueras quien más engañados les tuvo todo este tiempo y quien se columpió —hace hoy una semana— forzando a Puigdemont a renunciar a las elecciones y empujándole a la proclama bufa del Parlamento.

Esquerra intenta reflotar el argumentario, metiendo a martillazos las elecciones autonómicas en el relato averiado y salvando todo el voto que pueda. Salvando el suyo y quedándose el del PDeCAT, partido mutante que anda predicando ya sin rubor el regreso a la moderación y el autonomismo. Alabado sea Santi Vila, que sólo acompañó a Puigdemont dos años como dos siglos en su aventura antidemocrática pero confía en salir indemne de los juzgados porque saltó del barco medio minuto antes de que éste reventara. Tonto el último.

En la parroquia de los propagandistas del procés y ha empezado a sonar la cantinela del "ay, ay, ay, qué engañados nos tuvieron". Comentaristas papagayos que se ofrecieron a repetir consignas y cubrieron de feos adjetivos a quien se atrevía a cuestionar la verdad de su salmodia se lamentan ahora de que estos dirigentes no fueron lo bastante sinceros. Ay, ay, ay, que nos hicieron creen que esto sería más fácil. El propagador de embustes echa la culpa a quienes se los contaron a él. Cinco años después de haber empezado a mirar por encima del hombro a los demás con sus lecciones magistrales. En su naturaleza está hacerle ahora la autocrítica a los demás. Mírate al espejo, propagandista desubicado. Mírate al espejo: tú te lo has buscado.