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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "La oposición venezolana quiere creer que el huracán popular contra Maduro ya no tendrá freno"

Catia como símbolo. De la movilización popular contra el derribo de la Constitución. De la oposición al plan Maduro. De la respuesta violenta de los paramilitares afines al gobierno. De la situación insostenible de Venezuela.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 17/07/2017 a las 08:18 horas

¿Qué es Catia? Un barrio extenso, un sector, de la parroquia Sucre. Oeste de Caracas. Capital de Venezuela. Un barrio de clases populares que tradicionalmente estuvo del lado del chavismo y del gobierno Maduro. La abrumadora afluencia este domingo a los puntos de votación en Catia revela que el partido del presidente tiene serios motivos para pensar que la mayoría que votó por la oposición hace año y medio ha seguido aumentando en estos últimos meses.

En la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, lugar de referencia de este barrio, se formó una fila interminable delante de las mesas de votación. Una marea humana contra Maduro que impidió que algunos individuos (los llaman irregulares) consiguieran reventar la votación. Y abucheó a los motorizados, los paramilitares amparados por el gobierno, al grito de asesinos.

Y aún gritó más al paso de un camión de la guardia nacional bolivariana.

Catia, como símbolo de la encrucijada del chavismo.Perdido el favor popular, pero obstinado Maduro en aferrarse al cargo. Aguantará mientras el Ejército venezolano, y el Partido Chavista, se lo permitan.

El plebiscito de ayer fue la respuesta de la oposición, mayoritaria en el Parlamento nacional, a la maniobra de Maduro para formar un parlamento nuevo que alumbre una Constitución distinta. Una norma de encargo que elimine, por ejemplo, el referéndum revocatorio del que tanto presumían los partidarios del chavismo allí y aquí, el empoderamiento del pueblo —¿cómo era?— para poder cambiar de gobernante a mitad del mandato si traicionaba aquello para lo que fue elegido. Maduro se negó a pasar ese examen aun habiendo perdido las elecciones legislativas. La Constitución le permite seguir de presidente. Y forzando la interpretación de la Constitución, él pretende ahora tumbarla porque se ha convertido —para él, claro— en un estorbo.

La consulta organizada por la oposición no tiene más valor que el de medir la resistencia social a la maniobra madurista. Fingió no darle la menor relevancia el presidente, pero sí que se la dio. Hubo reparto de comida en los barrios populares los días previos, fue excarcelado Leopoldo López los días previos y ayer mismo, con la excusa de poner a punto el sistema electoral, realizó una simulación de la votación que espera realizar el día 30 y a la que el gobierno teme que acuda menos gente que a ésta otra de ayer.

La oposición quiere creer que el huracán popular contra Maduro ya no tendrá freno. Lo dijo ayer Capriles de camino a su punto de votación.

El deseo de cambio ha prendido en una sociedad maltratada por su gobierno, que sufre la escasez, la precariedad, la falta de horizonte y unos índices de violencia insostenibles. Ésa es la realidad que Maduro intenta maquillar a base de soflamas que ya sólo se toman en serio los suyos. De allí y de aquí.

La fotografia imaginada del día la forman los supervivientes del naufragio susanista con los restos del barco al fondo, flotando en el Guadalquivir sin que nadie ya repare en ellos.

Colección de náufragos que han alcanzado tierra este fin de semana: Fernández Vara, Ximo Puig, Omar Anguita.

• Al frente del PSOE extremeño continuará el barón que dijo aquello de que con Pedro Sánchez en Ferraz de nuevo el PSOE pasaría a la irrelevancia, Fernández Vara.

• Al frente del PSOE valenciano seguirá aquel que le reprochó a Sánchez que estuviera enfrentado con todo el mundo, Ximo Puig.

• Al frente de las Juventudes Socialistas estará, a partir de ahora, otro susanista que ha pasado página: Omar Anguita. “El susanismo se terminó el 21 de mayo”, repite con insistencia el joven socialista. Y tanto que se terminó. El susanismo y, si se descuida, Susana.

Escenas del PSOE pedrista en el que aún conservan su poder —menguado— algunos barones.

Y en Castilla La Mancha sobrevive García Page, el bonista —de Bono— al que el pedrismo señala como autor de la intoxicación según la cual Sánchez tenía apalabrada una investidura para octubre con los independentistas que quieren romper España. Page resiste abriendo la puerta de su gobierno a los hombres de Pablo Iglesias y encamándose con la versión manchega de Podemos. Emiliano, Susana debe de estar contenta.

Respecto de las Juventudes ex susanistas del PSOE, el primer choque con la nueva dirección pedrista se ha producido, atención, por la gestación subrogada. Que a los jóvenes les parece progresista y satisfactoria y a la Ejecutiva federal le parece una regresión y una explotación de las mujeres. Estuvo la ex ministra Carmen Calvo, rescatada por Pedro para la primera línea, abroncando a sus juventudes en la clausura del Congreso por haber aprobado una resolución que la reclama.

Le pasa al PSOE en este asunto lo mismo que al PP: que tiene dentro partidarios y detractores de la gestación subrogada.

No puso reparos la enviada de Pedro Sánchez a las otras resoluciones que han aprobado sus juventudes: elevar el salario mínimo a 1.125 euros en catorce pagas, legalizar la eutanasia activa, regular el suicidio asistido y el consumo de cannabis, y celebrar un referéndum para elegir entre monarquía y república. Previa reforma de la Constitución, se supone, para poder celebrarlo. No vaya a ser que Omar Anguita haya sido víctima de una posesión puigdemoniaca.