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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Sánchez va de David contra Goliat pero en 2014 era el niño bonito de Susana"

Si existe el crimen perfecto, hoy está en internet. El sitio que más recursos proporciona para camuflarse y delinquir con altas probabilidades de que jamás te encuentren. Ésta es la paradoja de nuestro tiempo: nunca los ciudadanos honrados habían proporcionado tanta información sobre sus actividades y nunca los delincuentes habían tenido tantas herramientas a su alcance para marear a los investigadores, sembrar el camino de pistas falsas y borrar su rastro.

Carlos Alsina | @carlos__alsina  |  Madrid |  Actualizado el 15/05/2017 a las 08:26 horas

Cuando el secuestrador tiene sólo un rehén, se comunica por teléfono y exige que se le pague con billetes metidos en una bolsa de deporte y entregados en un garaje, dar con él es más factible (la vieja escuela) que cuando está físicamente en cualquier sitio —es como no estar en ninguno—, tiene miles de rehenes a la vez (no personas, sino bienes), se comunica por mensajes automatizados y exige que se le pague en bitcoins, sin bolsas de deportes, ni cuentas corrientes, ni bancos.

Ya habrán oído hablar del WannaCry. El virus éste que el viernes infectó a ordenadores de empresas, organismos y organizaciones de medio mundo. Cien mil ordenadores bloqueados a la vez. Ésta es el hecho diferencial de este ciberataque: que donde antes se producían secuestros específicos —abrías el correo que no debías, se ejecutaba el virus y los asaltantes tomaban el control de tu aparato— ahora hay efecto contagio: además de secuestrar tu pc, detecta todos los demás conectados a la misma red y los hace también rehenes.

Eso fue el viernes, y mal que bien las empresas y organismos afectados pudieron ir recuperando el control después de horas de apagón informático. Pero ahora está empezando el lunes y cada vez que alguien encienda un ordenador en la oficina, o en el hospital, o en el ministerio, nos va entrar el tembleque. El director de Europol se pone en lo peor.

Los profesionales que llevan todo el fin de semana investigando el WannaCry —para descifrarlo y para intentar dar con sus autores— coinciden en que ya ha mutado (los virus éstos también aprenden de los antídotos) y podría volver a la carga esta mañana. Eso, y que hay ordenadores que el viernes ya estaban apagados cuando empezó el lío y que al ponerse en marcha hoy pueden repetir la jugada.

Telefónica ha sido la compañía española más afectada. Ha habido otras del sector privado. En el sector público, no existe noticia de asaltos, lo que significa que no los haya habido. En el Reino Unido, como saben, el ataque éste dejó en cueros a los hospitales públicos porque el sistema nacional de salud era altamente vulnerable. El nuestro, en España, también lo es. En las últimas horas, y en las próximas, los responsables de sistemas de decenas de instituciones están revisando, actualizando e instalando los parches de seguridad.

La vulnerabilidad de Windows la conocía y la usaba NSA para fisgar en los ordenadores ajenos. Si Windows estaba o no enterado entonces de que su sistema tenía un agujero no lo sabemos. Que después llegó Wikileaks, reveló la llave maestra que empleaba la NSA para colarse donde quisiera y entonces sí Windows difundió el parche de seguridad, sí lo sabemos. Y que no todas las compañías del mundo, y sobre todo, no todos los organismos públicos del mundo, ejecutaron esa reparación —tapiaron, para entendernos, el boquete por el que se le podían colar los asaltantes—, también ha quedado en evidencia.

En estado de WannaCry —quiero llorar— se encuentran los dirigentes más veteranos del PSOE: el grado de hostilidad a que se ha llegado en el partido, no tanto por arriba (que también) como por abajo, entre los militantes partidarios del uno o de la otra, tiene a los generales temerosos de que el partido entero se acabe yendo al carajo. WannaCry por el formidable fregao interno en que se ha metido el PSOE.

A seis días de que la militancia socialista despeje la mayor incógnita política de 2017 —quién dirige el PSOE y hacia dónde— hay debate a tres este mediodía en Ferraz: Susana, Pedro y un señor de Portugalete que a la chita callando espera hacerse un hueco relevante: Paxti López. El hombre tranquilo —incluso soso— cuya falta de tirón contrasta con el apasionamiento de los otros.

El de hoy no será el debate del siglo, no se espera que alcance una gran hondura ideológica, ¿verdad?, ni que pase a los anales de la oratoria política. No son, digamos, tres titanes. Entre el clavel y la rosa, su majestad es coja.

Susana Díaz se presenta ante el respetable como la del “PSOE cien por cien”. Que viene a significar, se supone, que ella no se ha podemizado. Presume que con ella en la secretaría general el partido volverá a ganar las elecciones generales —desde 2008 no lo hace— y volverá a gobernar España. No pasa de ser, naturalmente, la expresión de un deseo de verificación imposible. La última encuesta que difundió ayer El Mundo dice que los votantes del PSOE también prefieren a Sánchez. Es más, que Pedro sacaría hoy más votos que los que sacó en junio, su segunda derrota en generales.

Sánchez se presenta como el abanderado del “si es sí” que antes era “no es no” —lo de los eslóganes de esta campaña interna es para hacérselo mirar— y la víctima de una conjura universal en la que participaron las viejas glorias del partido, los poderes fácticos y un par de traidores. Va de david contra goliat, las bases contra la dirigencia, justo al revés que en 2014, cuado Madina iba de Espartaco y él, Sánchez, era el niño bonito de Susana. Es un dirigente en evolución constante que presume de haber empezado a conocer los verdaderos deseos de sus afiliados más de un año después de llegar al cargo. Evolución constante, según sus críticos, hacia ninguna parte. Él ya fue secretario general y diseñó su propia ejecutiva, pero para el éxito de su proyecto personal no fue bastante.

Patxi López intepretando el papel de casco azul que predica la paz y la concordia. Escuchándole cualquiera diría que él, de verdad de verdad, carece de ambición propia. No es que él quiera apovechar la carambola para asegurarse un lugar preminente en el socialismo patrio, no qué va, es que es el refugio fraternal de quienes pasan de la pelea de gallos entre Pedro y Susana.

Patxi irá de pacificador. Susana de ganadora de elecciones. Pedro de conciencia crítica de la abstención que le dio el gobierno a Mariano.

Un partido en fraternal guerra civil, el PSOE en carne viva.