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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "¿Era Pujol el abad del monasterio de la sagrada evasión, el obispo de la Seo, el Papa?"

Es muy emocionante. Para quienes amamos la precisión del reloj, la exactitud en la medida del tiempo, el rigor al dar la hora, es muy emocionante hacer la radio desde esta casa que una vez pisó Juanelo Turriano.

Carlos Alsina |  Madrid |  Actualizado el 09/05/2017 a las 10:28 horas

El grandísimo Juanelo. Que mientras vivió en Italia se llamó Giovanni Torriani pero cuyo nombre se españolizó cuando se vino a trabajar a la corte de Carlos V.

Miren, para mí durante muchos años Juanelo sólo era la calle de Madrid en la que vivió mi bisabuela. En Embajadores. Hasta que llega un día que te preguntas: y esta calle ¿por qué se llamará Juanelo? Y ahí aprendes que fue un ingeniero top que lo mismo construía autómatas, que mantenía puntual la colección de relojes del emperador, que diseñaba una máquina para subir el agua del Tajo al Alcázar de Toledo, que le creaba un estanque a Carlos V en su palacete de Yuste. Que ésta es la leyenda que emborrona la historia del gran Juanelo: el estanque dio paso a los mosquitos, un mosquito picó al emperador y un mes después estaba muerto por malaria. Dedica tu vida a inventar ingenios fascinantes para que la historia te culpe de haberle puesto un piso al mosquito asesino.

Aquí empezó esa leyenda, en Yuste. En el real monasterio al que le adosaron una casa de campo para que el rey rematara agotara en ella, sosegadamente, su existencia mientras nuestro hijo Felipese ocupaba ya de medio imperio.

Carlos I de aquí y V de Alemania. Europeísta mucho antes de que lo fuera Emmanuele Macron. E incluso antes de que lo fuera Robert Schuman, que es el ministro francés al que debemos que este martes de mayo sea el Día de Europa. Este Schuman estuvo de ministro setenta años antes de que Macron llegara al Elíseo. La Alemania de Hitler se había rendido, derrotada, cinco años y Schumanpredicaba la colaboración entre Francia y Alemania como mejor antídoto para combatir posibles guerras europeas futuras.

Un 9 de mayo convocó a doscientos periodistas en la sede del ministerio francés de Exteriores para leer unos folios que le había mejorado Jean Monnet.

Esta declaración, en la que Schuman aboga por ir dando pasos, haciendo cosas prácticas, para asentar la colaboración entre los dos países (primero en el acero y el carbón) como herramienta para disuadir a los amigos de las guerras, se considera hoy el germen, la primera piedra, de lo que ha llegado a ser la Unión Europea. 1950. El mundo posterior a la Segunda Gran Guerra se parecía poco a éste nuestro de hoy. Europa se parecía poco al proyecto en común que hoy disfrutamos. Si hoy estamos en Yuste es porque aquí, cada nueve de mayo, Día de Europa, se mira con perspectiva el camino que ya hemos recorrido y se intenta atisbar por dónde va a continuar la historia.

Hablamos de Europa desde el monasterio de Yuste donde hoy entrega el rey Felipe el premio de la Academia Europea de Yuste a Marcelino Oreja.

Hablamos de Europa desde esta casa de Carlos V a la que su majestad hacía traer toneles de cerveza alemana, sardinas ahumadas, ostras de Ostende, angulas y salchichas picantes. Ésa era su dieta. Y luego dicen que murió porque le picó un mosquito del estanque del pobre Juanelo.

Hablamos de esta Europa que, a excepción de los partidos extremistas, celebra que Le Pen perdiera contra Macron y que haya ganado en Francia un moderado reformista. Al que Merkel tiende su mano pero avisando ya de que le dará una colleja como insista mucho en sacar de nuevo el tema de los eurobonos. Y al que la extrema izquierda le está zumbando bastante más que la extrema derecha. Para los lepenistas es una marioneta de los poderes financieros. Para los del otro extremo, el izquierdo, es el banquero que encarna, ¿cómo dijo ayer Echenique, las politicas austeritarias.

Austeritarias y fallidas, dice el vice Pablo. Que ni siquiera le reconoce a Macron su compromiso de limpiar las instituciones francesas.

Mientras la UDEF informa a España de que Marta Ferrusola escribría de su puño y letra mensajes en clave para el director del banco donde ocultaba la fortuna del clan. Esto que usted ya habrá oido: que escribía “soy la madre superiora de la congregacion, desearia que traspases dos misales de nuestra biblioteca a la del capellan de la parroquia”. Podría haber escrito: que transfieras dos misales de las antiguas pesetas, por si acaso los investigadores de la UDEF no terminaban de tenerlo claro.

Marta, Marta, ¡quién volverá a gritar en España ‘viva la madre superiora’ ahora que todos sabemos que era usted!

Si éste era el nivel del secretismo que usaba la familia, el lenguaje en clave, que se aparte la UDEF y se ocupe del caso el inspector Clouseau. “El cuco ha abandonado el nido”. ¿Jordi Pujol quien fingía ser, el marido de la madre superiora, padre de su numerosa prole? “Soy el padre Jordi, reverendo, reparta misales entre todos mis piadosos hijos”. ¿Era tal vez el abad del monasterio de la sagrada evasión, el obispo de la Seo, quién era Pujol, el Papa? “Reverendo Mosén, soy el papa, que me consagre un misal en efectivo, que estoy canino”. Qué sutileza la de los Pujol. 15 millones de euros en Andorra según han confirmado ahora los hermanos Cierco, dueños de la Banca Andorrana y, a estos efectos, reverendos jefes de la cofradía de los secretos.