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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "La contribución del fantasma de Flandes Puigdemont ha sido nefasta para estos amigos"

Amigos de la independencia judicial sólo cuando los jueces comparten vuestros criterios, sosegaos. Nadie ha condenado todavía a nadie. Contra las órdenes de prisión preventiva cabe recurso. Si el riesgo de fuga decae, la medida cautelar es reversible.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 03/11/2017 a las 08:35 horas

Amigos de la independencia judicial sólo los días pares, si la medida se llama cautelar es porque representa una cautela. La precaución para que los ocho ex consejeros del gobierno catalán no agarren una monovolumen y se escapen a Marsella. Como hizo el jefe al que todos siguen reconociendo como tal. Su superior jeráquico, eso dicen ellos, el prófugo Carles Puigdemont.

Amigos de la independencia judicial según y cuándo, repetid conmigo:

• La cautela de la prisión preventiva se le ha aplicado a estos ocho sospechosos como a tantos otros encausados.

No merma las plenas garantías judiciales con que están siendo tratados.

• Mantienen todos ellos el derecho a recurrir.

• Y mantienen en prisión, y en plenitud, sus derechos como reclusos preventivos que son. Derechos carcelarios.

Amigos de la independencia judicial siempre que el juez no se pase de independiente, anotemos juntos: consumado anoche el encarcelamiento preventivo de ocho personas que antes ocuparon cargos públicos, no se hundido el mundo. La vida sigue. La precampaña electoral sigue. Los partidos ya han incorporado la novedad carcelaria a sus argumentarios. Sobre todo Colau. Las cacerolas se han hecho oír en Cataluña. Y algunos cientos de personas salieron anoche a la calle a protestar por lo que entienden ellos que es una injusticia. Ejerciendo también su derecho a expresarse y sin que nadie los reprimiera.

Amigos de la independencia judicial, la independencia judicial consiste en que una juez hace lo que considera que procede hacer al margen de lo que le opinemos cualquiera de nosotros. Ya intuye la juez, que a lo mejor hasta tiene twitter, que la contundencia con que los opinadores censuran su decisión por irresponsable, por desmedida y porque no contribuye, señoría, a resolver nuestros problemas, es directamente proporcional a la falta de acierto que ellos mismos vienen acreditando en el diagnóstico del problema.

¿Se puede discrepar entonces del criterio de la señora Lamela? Oiga, sólo faltaba. En dos palabras: por supuesto.

Ahora bien, de lo que cabe discrepar es del argumento principal que lleva a la juez a decidir que los ocho hijos de Puigdemont deben estar entre rejas. Y ese argumento es el riesgo de que sigan los pasos de su jefe y también se fuguen.

¿Se equivoca la juez o no al apreciar que estos ocho pueden escaquearse? Éste, en realidad, es el único debate.

Porque el resto no tiene mucha discusión:

• Los encausados no han negado que incurrieran en los hechos que son objeto de investigación. Lo que niegan la calificación de la fiscalía: rebelión, sedición, malversación.

• Los delitos que investiga la juez son todos ellos graves y están castigados con penas elevadas.

• Y cualquier encausado al que la fiscalía acusa de un delito grave penado con varios años de prisión tiene todas las papeletas para acabar en prisión preventiva.

De nuevo, el único debate posible es si el riesgo de fuga que aprecia Lamela está fundado. Y ahí, amigos de la independencia judicial sólo los días soleados, ahí la contribución del fantasma de Flandes ha sido nefasta para estos amigos y compañeros por los que ahora derrama lágrimas de cera.

Todo el apoyo a mis amigos y sus familias, decía anoche el fantasma, el mío y el del resto de miembros del gobierno. "Los que os dejamos tiraos os saludamos".

Es Puigdemont, con su negativa a presentarse en el juzgado, quien ha dejado a Lamela con poco margen parta sostener que haya plenas garantías de que los encausados no se larguen. Si acaso de lo que hay garantías es de que en el grupo que aún dicen constituir, unos cuantos ya se han expatriado.

La prisión preventiva es la medida cautelar más severa. La más grave.

Los críticos con el encarcelamiento preventivo de los ex consejeros tienen la seguridad, o eso dicen, de que una situación como ésta enquistará aún más esto que llaman el conflicto y alejará las soluciones.

En realidad, ni a la fiscalía ni a la juez les corresponde solucionar la división social y el empeño del independentismo en atribuirse el derecho a la autodeterminación de la sociedad catalana. Para eso están los ciudadanos que eligen Parlamentos. A la fiscalía y a la juez lo que les corresponde es perseguir la actividad delictiva y castigarla conforme a las leyes vigentes.

Lo que parece inútil es pretender que aquí no ha pasado nada:

• Abusar del cargo público que uno desempeña para actuar contra la legalidad democrática y proclamar la secesión es, en la clasificación de hechos graves en que puede incurrir un gobernante, la cima de la pirámide.

• Ha sido la extrema gravedad de los actos protagonizados por este govern lo que causó la inédita situación en España de aplicar el articulo 155 y tomar medidas excepcionales. Si la respuesta política y administrativa del Estado tuvo que ser de una severidad máxima, en justa proporción a la gravedad de los hechos ocurridos, por qué no habría de ser máxima también la severidad de la respuesta judicial.

Ésta, después de todo, fue siempre la gran mentira del procés: decirle a los ciudadanos que se podía embestir contra la Constitución y contra el Estado sin vulnerar norma alguna. Todo era legal, ¿se acuerdan?, todo estaba dentro de la ley. De la ley catalana, de la ley internacional, de los tratados que invocaban sin concretar nunca a cuál se referían.

Ya se vio que el president anterior había abusado de su poder, y por eso está hoy inhabilitado. Y ahora se explica el esfuerzo que han hecho los ahora encausados estos dos últimos años para no reconocer nunca públicamente que estuvieran desobedeciendo norma alguna. Sabían lo que hacían. Y sabían lo que les podía acabar pasando.

Las valoraciones que han hecho los partidos y dirigentes politicos debe ponerse en su contexto justo. Y el contexto es que están todos en campaña.

Ada Colau. Emperadora de la ambigüedad, que dijo Borrell. El domingo no era capaz de decir si Puigdemont era o no presidente en ejercicio. Porque, decía, ella estaba perpleja con lo que sucedía. Ayer ya había resuelto sus dudas, en favor de Puigdemont, claro, y le faltó tiempo para condenar el encarcelamiento preventivo de los ex consejeros. Con esa disposición, tan de Colau, al arte dramático.

Aprovechando que la plana mayor del independentismo está fuera de juego, Colau empuña la bandera de la indignación transversal. La calculadora de votos ya está en marcha.

La misma Colau que el domingo no sabía si tratar de presidente a Puigdemont ha visto la luz en cuanto han encarcelado a los consejeros. Ahora no tiene duda de que es gobierno legitimo de Cataluña y le exige a Rajoy que los saque de la cárcel ya mismo. Y aún tuvo el cuajo de llamar a esto declaración institucional en el Ayuntamiento de Barcelona. Mítin institucional, más bien. Viva la independencia judicial sólo a ratos.

El PSC de Iceta usa la plantilla de siempre para censurar la decisión judicial fingiendo que no la censura. Consiste en decir primero "respetamos" y añadirle luego la palabra "desproporción". Le parece desproporcionada la prisión al PSC pero no alcanza a decir por qué. Si es que acaso Iceta vio venir que Puigdemont y sus cuatro valientes se darían a la fuga. Si es que acaso puede ofrecerse él mismo en garantía de que estos otros no se fugan.

Esquerra, PDeCAT, la ANC, Omnium, la CUP, el equipo médico habitual, recurre a la etiqueta fácil de "presos políticos", dice que hay represión, persecución y un montón de cosas terminadas en "-ón". Convocan a sus fieles a protestar en las calles. Y preparan su lista electoral de presos con una nueva demanda: la amnistía.

Y por fin, el prófugo, que le ha cogido el gusto al videoblog y que finge estar él, también, en campaña electoral. Rindiendo su servicio a la causa. Pero en su caso no es verdad. Él no está en campaña electoral. Está en campaña de exculpación de sí mismo.

Combatir a la manera que los catalanes hacemos las cosas. ¿Cómo, huyendo por el colector con la estelada entre las piernas? Hombre, Puigdemont, no parece que sea usted el más indicado para presumir de cómo se afrontan los problemas. No insista en presentarse como la quintaesencia del pueblo elegido cuando ha sido el primero en salir por piernas.