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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Lo que deja el caso Cassandra: para delitos de odio, casi siempre, multa y no cárcel"

Variedad de asuntos tenemos esta mañana.

Los pensionistas, que han llamado la atención de Rajoy. El presidente busca medidas paliativas para poder anunciarlas en el Congreso.

Las elecciones en Italia de este fin de semana. Cuarta economía de la Unión Europea.

Lo de Cassandra, la tuitera. Absuelta por el Tribunal Supremo de delito alguno por los chistes aquellos sobre Carrero.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 02/03/2018 a las 08:13 horas

Esta vez nadie se ha quejado de que haya criterios dispares entre los jueces. Nadie se ha quejado de que el Supremo revoque una sentencia, porque para eso es el Tribunal Superior y el que establece, en último término, cuál es el criterio correcto.

Importante esto que ha dicho el Supremo: Para que haya cárcel en los delitos de odio no basta con expresar ese odio a quien sea, debe ponerse en riesgo a esa persona o al sistema de libertades públicas. La sanción penal debe reservarse para los casos que vayan más allá de la pura expresión de ofensas o injurias. Para todo lo demás, la multa.

Asuntos hay, y perdonen que no me extienda, pero es que está empezando el serial.

Que luego te pierdes cómo empieza y no eres capaz de seguir la trama.

Escena cumbre, en el capítulo de anoche.

El actor principal interpretando su monólogo.

Catorce minutos de chapa. Él solo. Plano único, mirando a cámara. Qué desafío para un actor, ¿verdad?, la prueba de fuego de su versatilidad dramática.

Porque la escena tenía que ser dramática. El protagonista asumiendo su derrota y anunciando que se resigna a ser un actor de reparto.

Ocurre que a Puigdemont le está penalizando ahora el factor Joaquín Reyes: que le miras y ya no sabes. Dónde termina uno y dónde empieza el otro. La crítica dirá si la interpretación de anoche, en el serial, fue digna de un Oscar o de un razzie, que son los premios a los peores trabajos del año. Pero se arriesgaba Puigdemont a que aquello pareciera lo del chiste: "Se levanta el telón, aparece Puigdemont y dice 'no me rendiré nunca'. Y luego ya, se rinde".

Éste fue el minuto de oro del capítulo de anoche. La retirada.

Ni un quiebro en la voz. Ni una vacilación. Ni una lágrima. Cuántas veces habría ensayado la escena. Mirándose al espejo. Diciéndose a sí mismo: "no interpretes a un hombre fracasado, interpreta a un hombre impune".

Al fondo las banderas de Cataluña y de la Unión Europea (las dos banderas que tanto se ha esforzado en devaluar todos estos meses) y tres o cuatro muebles de oficina para que la habitación de Waterloo pareciera un despacho institucional. Buen trabajo de ambientación. Enhorabuena a Matamala, por el atrezzo.

La mansión, toda ella, en silencio: no habría quedado bien que se colara el sonido de la lavadora, en pleno centrifugado, la televisión del salón —Comín en el sofá jugando a la play—, el timbre de la puerta porque ha llegado el pizzero con las dos medianas.

Hay espectadores a los que se les hizo larga la escena. Porque antes de rematar su monólogo e irse a la cocina a trocear la cena, se había recreado el galán en una pobre imitación de Braveheart que no cuajaba.

Esforzándose en hacer verosímil esta parte del guión tan forzada: todo triunfos. Ganamos las elecciones, ganamos la legitimidad, ganamos el derecho a seguir con la República. Siempre ganamos. Esto del "aunque no lo parezca, lo mío es una historia de éxitos".

Declaró Puigdemont que lo del 27 de octubre no tuvo nada de simbólico. Que existe la República y él su máximo exponente (Llarena, que lo sepas). Se extendió en esta parte hermosa que explica, atención spolier del serial, lo que va a ir pasando ahora. El Jordi ra, ra, ra, viva Jordi, manque (él también) pierda.

El Jordi es el nuevo actor incorporado al serial. Introducing al Jordi. Desde prisión, que es donde sigue a diferencia de su mentor, tan suelto, tan a gusto y con tantos metros cuadrados para él solo.

Ahora el equipo de carpintería se pone a la tarea de construir, en el plató de Waterloo, los nuevos decorados. Una de las habitaciones será el Consejo de la República, otra, la Asamblea de Electos, una más, el gabinete de crisis con un teléfono rojo conectado con la resistencia en Barcelona.

El Consejo de la República, el gobierno del interior, todas estas ocurrencias que se han venido fraguando en el Ministerio de la Posverdad.

Hizo una buena audiencia el capítulo de anoche.

El hombre caído, mutilado, abandonado por los suyos, prometiendo —rendido— que nunca se rendirá.

Aunque ha habido acusaciones de plagio a esta escena cumbre del serial.Parece que hay similitudes sospechosas con otras obras dramáticas muy populares. Algo apuntó ya ayer, en su gallo zumbón, Víctor Liñares. Cuando nos recordó 'Los caballeros de la mesa cuadrada' de los Monty Python.

Esa escena en que Arturo y su escudero se encuentran con el caballero de negro en medio del camino. Y éste les dice: no pasarán. Y se inicia la pelea.

Una pelea terrible en la que Arturo, su espada en alto, aprovechando la poca destreza del caballero de negro, le corta primero un brazo.

El caballero de negro sigue peleando, con un brazo menos. Qué será un brazo, teniendo el otro. Hasta que va Arturo y también se lo corta.

Otra vez Arturo alza la espada. Le corta, en efecto, una pierna. Le corta la otra. Ya no le queda nada al caballero de negro.

Ya no tiene ni brazos ni piernas. Sangra por todos los lugares donde cabe que sangre un hombre. Y aún así, se declara vencedor de la batalla. Qué soy yo, si no una historia de éxitos.

Claro que también ha sido acusado el serial de anoche de copiarle el personaje principal a la película de los hermanos Marx, Sopa de Ganso. El presidente de la República de Libertonia. Reunido en consejo solemne con sus ministros en el salón de Waterloo.

El valiente presidente que está dispuesto a dar su vida por la Independencia de Libertonia. Aunque llegado el momento de darla, prefiere que sea otro el que parta hacia el frente a que le partan la cara.

En la Libertonia del serial, el protagonista no es Groucho porque Groucho, al menos, tiene gracia. Es un actor mediocre y en retirada. Al que una carambola del destino catapultó a lo más alto del reparto y una vez que estuvo allí, inundando con su presencia la escena, alcanzó el grado más alto de su inconmensurable incompetencia.

Iba a ser investido en la distancia, eso creía. Hasta que el de Estremera y Artur Mas le hicieron, entre los dos, la pinza y lo asfixiaron.

Esto es lo que pasó, en verdad, anoche en el serial.

Y ahora que ya ha terminado el capítulo, ahora Puigdemont, que no nos está escuchando nadie. Para esta escena de ayer se ha inspirado usted en los hermanos Marx, ¿a que sí?

Eh, y en la película de los Monty Python, el caballero de negro sin piernas y sin brazos, ¿verdad?

Y en realidad lo que significa todo esto es que a usted le ha dado la puntilla entre Esquerra y el PuigDeCat.

Pues muchas gracias, ex presidente, ex candidato, ex todo. Muchas gracias y buenos días.