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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Holanda ya se ve... que no se va; perdió el ultra Wilders"

Holanda ya se ve. Ya se ve que no se va. El periodismo esta mañana consiste en contarle que Mark Rutte sigue vivo a quien no sabe quién diablos es este Mark Rutte. Qué noche la que ha vivido.

Carlos Alsina |  Madrid |  Actualizado el 16/03/2017 a las 08:14 horas

Ganó el partido liberal en el gobierno, 21 % del voto, éxito de Mark Rutte, aun dejándose 8 escaños de los 41 que tenía.

Perdió el partido ultra de Wilders, que queda segundo pero a mucha más distancia del primero del que habían calculado las encuestas. No es un fracaso, porque ha mejorado su resultado de 2012, pero sí ha defraudado las expectativas que los populistas tenían estos últimos meses.

El fracaso inapelable es del Partido Socialdemocrata.

De los holandeses de los que han ido a votar, se ha decantado por este Wilders el 13 %.

La oferta de partidos es muy amplia-

10 millones de votantes.

Cuatro 400 para Rutte.

1 350 Wilders. En las anteriores 950.0000

Wilders se beneficia de la caída de los dos partidos principales: el Liberal, que aun ganando pierde terreno; y el Socialdemócrata, que de segundo pasa a ser séptimo y se pega un batacazo formidable. Es cierto que la ultraderecha crece, pero menos de lo que lo hacen los democristianos y los liberales de izquierda. Y quien multiplica por cuatro su resultado es el Partido de los Verdes, que es quien con más euforia recibió anoche los sondeos.

Con la participación más alta, los liberales de Rutte han obtenido su porcentaje más bajo.

En el debate que hubo ayer en el Congreso sobre la salud de esta Unión Europea en crisis dijo Pablo Iglesias que a ellos nadie les puede dar lecciones de europeísmo porque estuvieron en el Reino Unido haciendo campaña por el remain, la permanencia. Es verdad: fue un día allí uno de Podemos y dio una charla. Tampoco se dejó las pestañas en ello Pablo, a pesar de lo comprometido que estaba con todo lo europeo el rato que pasó haciendo de eurodiputado, cuando pretendían convencernos de que Estrasburgo era la cámara más importante del continente y del planeta.

Rajoy hizo una defensa protocolaria del proyecto europeo, con mucha frase hecha y mucho estribillo repetido, Rivera reclamó que se dé un paso para sacar pecho por la Unión en contra de la eurofobia de los nuevos populistas —lo reclamó, pero le dedicó más tiempo a sacarle defectos a Europa que a presumir de ella, e Iglesias desplegó en la tribuna su repertorio de críticas a la integración y la cesión de soberanía nacional, esta historia que, para él, no es un éxito sino todo lo contrario: la sumisión de los pobrecitos países europeos a las reglas de hierro de la malvada Alemania que lleva décadas imponiéndonos sus políticas crueles y conservadoras mientras los gobiernos peleles de Europa —los españoles sobre todo— se dejan crujir sin obtener nada apreciable a cambio, hay que ver qué primos hemos sido, Pablo.

Ya les dije a las siete que del relato que hizo Iglesias del fracaso que tuvo la Constitución europea se desprende que para él europeos de verdad son los holandeses y los españoles, no nosotros.

Porque los europeos españoles también pudimos votar. Y aquí la Constitución europea (44% de participación, 77% a favor) ganó de calle. De modo que si el Tratado de Lisboa era la forma de colar una Constitución que no había prosperado, debiera Pablo aplaudir que el gobierno español de la época celebrara aquel tratado, porque la Gente, el pueblo, la ciudadanía española, así se había pronunciado.

Lo de Iglesias ayer en la tribuna no puede calificarse de eurofobia porque no lo fue.

Fue un festival de germanofobia. Malditos alemanes abusones.

La trama ayer era alemana.

Para hoy, un ex gobernador del Banco de España en el juzgado. Ante el juez Andreu en la Audiencia Nacional para responder qué supo, qué hizo y qué dejó de hacer en la salida a bolsa de Bankia. O por qué el máximo supervisor de la banca dio por buenas las cuentas de la entidad que menos de un año después de salir a bolsa tuvo que ser rescatada porque amenazaba quiebra.

Lo probable es que Fernández Ordóñez le cuente al juez lo que viene contando desde hace años: que él ni ideó ni impulsó aquella salida a bolsa. Que se limitó a no obstaculizarla. O, como diría Zapatero, que Bankia salió a bolsa porque quiso.

En realidad, el motivo de investigarle son los correos electrónicos del jefe de la inspección que se ocupaba de Bankia, Casaus, en los que mostraba su oposición y sus temores ante aquella operación. A Fernández Ordóñez le allanaron el camino de la defensa esta semana los dos directivos del Banco de España que sostuvieron, ante el juez, que los correos reflejaban la opinión de Casaus pero sólo eso, y que no los remitieron a la superioridad porque no pasaban de ser valoraciones que no tenían por qué compartirse. Hoy Mafo podrá alegar lo mismo: que no llegó a leer esos correos y que, aunque lo hubiera hecho, no eran palabra de dios.

Será el juez Andreu, que nunca vio motivos para imputar a Mafo —si le investiga es porque el órgano superior le ha instado a hacerlo— quien decida si la imputación sigue adelante o decae.

En relación a su tamaño, y por cierto, la caja que más dinero público requirió para no quebrar —a la la que hubo que lanzar el flotador más gordo y más costoso, 12.000 millones— fue Cataluña Banc. Aquel grupito de cajas catalanas —Cataluña, Manresa y Tarragona— que presidió Narcís Serra. Un político que saltó al sector financiero por sus conexiones políticas, que no por su talento para el negocio bancario, y que fue, como Rato, vicepresidente del gobierno, nada menos.

También para él llega la hora del banquillo. Está pendiente de fecha el juicio por los sobresueldos que aprobó para directivos cuando la entidad ya amenazaba ruina —esto tan recurrido de por si el bando se hunde, que nos pille con el riñón cubierto a mi y a mis amigos— y se abre camino también el posible procesamiento por el agujero causado al patrimonio de la caja: la fiscalía anticorrupción ha presentado la denuncia, fruto de dos años de investigación, contra Narcís Serra y el resto de la cúpula de Cataluña Banc por una lista de operaciones irregulares que habrían causado un daño de 900 millones de euros.

Pasito a pasito, pero todo llega. No es Gayoso, el gallego, no son Blesa y Rato, los madrileños, los únicos banqueros a los que un tribunal juzga y, en su caso, condena. El siguiente de la lista se llama Narcís Serra.

En el Ayuntamiento de Madrid cuando te apartan del cargo por incompetencia manifiesta, en lugar de destituirte y punto te crean una concejalía nueva. Celia Mayer acabó con la paciencia de la alcaldesa Carmena —la programación teatral del Matadero fue la gota que colmó el vaso de las escandaleras— y deja de ser concejala de cultura. Pero se crea para ella la nueva concejalía de Igualdad. Y se le vende al personal el cuento de que la noticia no es que se le quite Cultura y que no hay ningún malestar y ninguna crisis.