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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Gemma Montull o cómo pactar y dejar tus 26 años de cárcel en 2 a cambio de señalar al tesorero convergente Osácar"

Que empiece la sesión. Veamos quién se divierte y quién no. Y cómo de divertido es escuchar a los bandidos relatar el saqueo. Hay concierto en el caso Palau. En palabras del procesado Montull, empieza la diversión.

 |  Madrid |  Actualizado el 08/03/2017 a las 08:12 horas

Jordi Montull, el compañero de fatigas de Félix Millet —bueno, de fatigas no, de latrocinio—, les dijo la semana pasada a los periodistas que lo bueno empezaba hoy. Debía de estarse refiriendo a su hija Gemma. La directora financiera del Palau (todo queda en casa) que, en vista de que la fiscalía pide para ella veintiséis años de prisión y que lo tiene crudo para librarse, ha pactado con el fiscal una mengua de veinticuatro años (déjemelo en dos y así me libro de la cárcel) a cambio de señalar hoy con el dedo acusador al tercer hombre de esta historia: Daniel Osácar, el tesorero de Convergencia. Ex tesorero a estas alturas, porque Convergencia ha ido renovando la plantilla a medida que los tesoreros anteriores iban siendo imputados.

La primera en declarar hoy, salvo sorpresa, será la señora Montull. Después, Montull padre. Y más tarde, el mentor de ambos en la cueva de Alí Babá: Félix Millet, de los Millet i Pagés, y Millet i Tusell de toda la vida. La actividad trincona de los Millet-Montull no tiene que probarse porque ellos mismos lo confesaron todo. No es que metieran la mano en la caja del Palau, es que se llevaron la caja a casa. Dormían con la mano dentro porque, hasta dormidos, robaban. Lo que hasta hoy ha tenido dificultades para amarrar la fiscalía es la condena al tercer hombre. Osácar.

El ingeniero jefe de mordilandia —presuntamente-- que usaba el Palau como tapadera para camuflar las comisiones que Ferrovial le abonaba a Convergencia. Y ahí es donde los Montull aparecen ahora como pieza clave para la fiscalía: como testigos de cargo (o procesados de cargo, más bien) para reforzar la acusación de financiación bajo cuerda al partido de Pujol y compañía.

Según se ha ido acercando este día decisivo, ha ido quedando claro que este marrón se lo va a comer Daniel Osácar él solito. Hoy no habrá séquito de Convergencia, con Artur Mas a la cabeza —y Homs, y Turull y la prole pujólica— acompañando a su antiguo tesorero a la puerta de la Audiencia para proclamar como un solo hombre su inocencia. Cuando del 3% se trata, el procesado va más solo que la una y allá se las componga, oiga. Lleva años diciéndolo Artur Mas: a mí de la financiación de mi partido no me digan nada; eso, a los tesoreros. Nuestros estatutos lo dejan claro: todas las decisiones financieras las toman ellos.

Hombre, Artur, home. Eso tendría sentido si estuviésemos hablando de que el tesorero fue a pedir un crédito al banco, o les subió la cuota a los afiliados, o montó una rifa en Navidad para recaudar dinero vendiendo papeletas. Pero bien sabe usted que no es de eso de lo que va esta historia. Va de conseguir dinero a cambio de. Va de que el donante no lo era por amor a la causa convergente, sino por amor a los contratos públicos que la hegemonía convergente podría procurarle en las cuatro provincias catalanas. Va de vender favores políticos a empresarios predispuestos a ser favorecidos. Va de pasar por caja. Y el tesorero podría tener la llave de la caja para ingresar las mordidas, pero la otra llave, la de la adjudicación de contratos, la manipulación de concursos, la barra de los favores, no la tenía el tesorero. La tenían los cargos públicos convergentes que estaban aleccionados, presuntamente, por sus superiores orgánicos.

Esta es la parte, nada divertida, que esta mañana caerá como un diluvio de piedras sobre el tejado de la casa convergente. Que por más que le hayan puesto un letrero nuevo que dice Partido Demócrata Catalán, sigue siendo la misma casa que era. Embargada la casa, y sus sucursales, por si quedara demostrada su responsabilidad civil por habérselo llevado crudo.

DOS REUNIONES para hoy, de las que es posible que salga alguna noticia.

En Murcia, PSOE y Ciudadanos haciendo ver que estudian lo que ya tienen ambos estudiado: la moción de censura a Pedro Antonio Sánchez. Los socialistas ya tienen dicho que la van a presentar y Ciudadanos ya ha dado pistas suficientes de que lo que quiere es que convoquen elecciones anticipadas. Ambas cosas son, en realidad, una misma. En cuanto se confirme que la moción va a ser presentada, el presidente autonómico convocará elecciones porque si espera a que la moción se registre en el Parlamento ya no puede disolverlo cuando él quiera.

Y en Madrid, reunión de Podemos con la Asociacion de la Prensa Madrileña.

A la Asociación cabe reclamarle que ofrezca una información más concreta sobre esta denuncia que algunos informadores le han hecho. No los nombres de los afectados por las presiones, amenazas o coacciones, pero sí el contenido y el vehículo de esos mensajes, y sus autores, para poder valorar con mejor criterio de qué estamos hablando exactamente. De qué y, sobre todo, de quiénes.

El argumento que se está usando contra la APM de que en este caso ha denunciado y en otros calló es irrelevante. Que la APM no haya actuado en otros casos no quita validez al hecho de que lo haya hecho en este.

Es una táctica también floja disparar contra la APM como si fuera la asociación quien se ha levantado una mañana con ganas de fresca y ha decidido ir a la carga contra Podemos. Nadie ha negado, nadie cuestiona, que existe un grupo de redactores que han acudido a la APM a pedir que actuara. Que la asociación haya actuado de una manera u otra no desmiente eso. Y lo relevante, para Podemos, debería ser precisamente eso: que informadores que tienen encomendada por sus medios la cobertura de los actos y las idas y venidas de Podemos se hayan sentido coaccionados o acosados. Porque, para desgracia de Podemos, los periodistas que informan sobre los demás partidos nunca han dado un paso como ése.

Tampoco hay que esforzarse mucho para imaginar lo que habría dicho Echenique si un grupo de periodistas que cubren la información del PP hubieran pedido amparo a la APM. Porque Podemos se enorgullece de defender a los profesionales de a pie frente a las presiones intolerables de esto que llaman los poderes fácticos, o la casta o ahora, la trama.

Ésta es la pregunta que podría probar a hacerse Pablo Iglesias: ¿Qué lleva a un grupo de redactores de a pie a denunciar ante una asociación profesional los comportamientos de colaboradores de Iglesias? Posibles respuestas:

A / que estos periodistas tienen la piel más fina que los informan sobre cualquier otro partido u organización. Podría ser.

B / que estos periodistas disfrutan inventando situaciones falsas por el mero placer de hacerlo.

C / que estos periodistas forman parte de la célebre conjura universal contra Podemos y, en connivencia con las empresas que les pagan, han urdido un complot miserable.

Y opción D, que igual es la correcta, que hay colaboradores de Iglesias que no saben distinguir entre la crítica y la coacción personal, que confunden el trato informal y despectivo que se gastan hacia algunos periodistas con las llamadas y los guasaps de presión para que cambien la manera de enfocar sus crónicas so pena de sufrir la ira, poco espontánea, de la Gente, el pueblo y la ciudadanía tuitera.

Tanto va el cántaro a la fuente que, al final, trasciende.