Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.

OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El nombre del próximo presidente del Gobierno no lo sabe ni Baba Vanga"

Hace bien Rajoy en decir que el día 20 puede haber sorpresas. Quién a va a presidir el gobierno a partir de enero no es capaz de predecirlo ni Baba Vanga. Baba ¿qué? Baba Vanga. La abuela nostradamus. Una señora macedonia ciega y analfabeta que veinte años después de pasar a mejor vida sigue teniendo miles de fans que le atribuyen poderes visionarios.

Carlos Alsina |  Madrid  |  Actualizado el 14/07/2016 a las 00:10 horas

A Baba Vanga le pasa lo que a Confucio, que se le atribuye cualquier cosa lo dijera o no lo dijera. Dicen que anticipó el atentado de las Torres Gemelas —-“dos aves de hierro arremeterán contra los hermanos americanos”—- y el tsunami de 2004 —-“una gran ola cubrirá una gran costa y todo desparecerá”—-. Ha llegado a tal punto la guasa que cualquier hecho que se pueda producir ahora tuvo que ser predicho crípticamente por la abuela.

“Dos hombres altos se medirán y uno le ganará al otro”. Seguro que predijo que el lunes hay en televisión un cara a cara. Y que el PP proclamará la demostrada solvencia de su candidato victorioso mientras el PSOE celebra que el suyo ha vuelto a ganar otro debate y van…todos. El bipartismo imperfecto pero hegemónico que ha protagonizado la vida parlamentaria española (por voluntad popular) los últimos treinta años se prepara para agotar su última gran oportunidad de frenar el avance de los nuevos.

No parece probable que el último debate de campaña provoque un baile de votos del PP al PSOE o del PSOE al PP. No es eso lo que se van a jugar Sánchez y Rajoy el lunes. El objetivo de Rajoy es convencer a quienes dudan entre él y Rivera que la novedad no siempre es un negocio; el de Sánchez, persuadir a quienes dudan entre él e Iglesias o entre él y Rivera (los doblemente indecisos) de que esta imagen de figurín prefabricado es una caricatura que no le hace justicia a quien ganó la secretaría general del PSOE por primera vez en unas elecciones internas.

En otros tiempos habría sido sensato decir que uno de los dos será presidente del gobierno a partir de enero. En estos tiempos afirmarlo sería arriesgar mucho en el pronóstico. Ayer coincidieron en un plató de televisión Ayllón, López, Errejòn y Aguado, cuatro representantes de los cuatro partidos que, según las encuestas, sumarán casi el 90% de los diputados. A la pregunta de qué disposición tienen para apoyar investiduras todos dijeron: nuestra posición es así de clara, y a renglón seguido demostraron que es imposible saber hoy lo que acabará pasando. Todo lo que dicen estos días sobre quién pactaría con quien responde a dos evidencias:

• Que ninguno acepta en público como hipótesis que perderá las elecciones.

• Que lo que buscan es inocular en el electorado la idea de que sus adversarios son, entre ellos, aliados. El PP habla del tripartito de perdedores por la misma razón por la que el PSOE dice que si PP y Ciudadanos suman habrá pacto: ganar un voto o no perderlo, que a estas alturas es igualmente importante para ambos.

¿Da gustito votar a Pablo Iglesias si uno es de izquierdas? Garcia Page piensa que sí. Él entiende que el votante tenga la tentación de darse el gusto, pero naturalmente avisa, de lo de siempre, que el único voto útil de la izquierda es al PSOE. Hoy debuta en campaña, recién llegado de Venezuela y de retratarse con Maduro, José Luis Rodríguez Zapatero, el hombre que invitó a cenar, sin contárselo a Sánchez, al líder emergente que se quiere merendar al PSOE, Pablo Iglesias.

Rajoy, el hombre alérgico a los líos, dice que él no quiere meterse en líos de nadie pero que habrá alguna sorpresa. Qué quiso decir Rajoy nadie lo sabe. Pero un lío es un lío y una sorpresa es una sorpresa. Parece que el PP maneja encuestas que le atribuyen mejor resultado del esperado. Bien es verdad que todas las últimas veces que el presidente pronosticó buenos resultados para su partido en convocatorias electorales —-europeas, andaluzas, catalanas, municipales—- el escrutinio acabó pareciéndose poco a lo que había pronosticado.

Ciao, Cristina. En la Argentina, hace cuatro horas, terminaron doce años de kirchnerismo. La izquierda populista que ha encarnado la presidenta Cristina se despide del poder (por voluntad popular) con un acto a mayor gloria de si misma y de su esposo difunto en la sede de la presidencia de la República.

Se ha dado su último baño de masas Cristina arengando a los suyos en la Casa Rosada y dejándose jalear por la multitud en la plaza de mayo. Y ha boicoteado la toma de posesión de Macri, su sucesor en el cargo, ausentándose de la ceremonia en una pobre demostracion de mal perder con la que remata una deriva mesiánica que la mayoría de la sociedad no ha perdonado.

Cómo habrá sido este epílogo que ha tenido que intervenir una juez para sentenciar que el nuevo presidente lo era desde las cuatro de esta madrugada, arrastrando la señora Fernández los pies a la hora de irse a su casa.

Mientras Cristina hacía su último mítin rosado —-así se está escribiendo la historia del continenteNicolás Maduro, vapuleado en las elecciones, se desgañitaba en las calles de Caracas prometiendo el renacimiento de una revolución que se acaba.

Maduro huérfano de padre desde que murió Chávez y huérfano de madre por la expiración política de Cristina.