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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "El Moisés Artur Mas va a los tribunales con romería previa"

A esta hora se levanta el telón. Empieza la función. El teatrillo. La matiné. La ficción dramática. El fingimiento sobreactuado que precede al acontecimiento real, que será, a partir de las nueve, el juicio.

Carlos Alsina |  Madrid |  Actualizado el 06/02/2017 a las 08:13 horas

Esto que comienza ahora es el guión de una comedia con aspiraciones épicas.

Una obra escrita por Artur Mas e interpretada en sus principales papeles por Irene Rigau, Joana Ortega y Artur Mas con la colaboración especial de Carles Puigdemont y varios miles de extras.

Moisés, en la Plaza de la Ciudadela. Encaramado de nuevo, sólo por hoy, a la cima. Reverdeciendo aquel tiempo en que se ofrecía a sí mismo como el pastor que conducía al pueblo oprimido hasta la tierra prometida.

En una hora tiene que personarse Moisés, digo los tres encausados por presunta desobediencia al Constitucional, en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (éste es el hecho relevante). Una hora antes, el hombre que accedió de carambola a la presidencia de la Generalitat, Puigdemont, oficia de presentador del entremés y encargado de dotar de solemnidad a la romería previa.

Y en ello está ahora mismo. Cortando figuradamente la cinta que inaugura el paseo mañanero que se van a dar los tres procesados, con su comitiva de escolta, desde la sede del gobierno de todos los catalanes hasta el Tribunal Superior de Justicia.

Puigdemont está inaugurando una manifestación.

Declara inaugurada la manifestación e inician su paseo, nada espontáneo, los procesados y sus jaleadores hasta el Tribunal Superior donde se va a celebrar el juicio, que está unos cientos de metros más allá y cuyas puertas está ya en marcha la reunión de varios miles de personas, tan espontánea como esta cabalgata previa, organizada y alentada por el partido de los procesados, organizaciones independentistas y la parte convergente del gobierno catalán que ha animado a los funcionarios a pasar olímpicamente de sus obligaciones laborales y echar la mañana vitoreando mártires.

La épica de cogerse el día libre y plantarse a la puerta de un tribunal a intentar meter presión a los jueces que habrán de establecer si hubo o no hubo actuación delictiva.

Es rara esta forma de manifestarse. Con inscritos. Primero te apuntas y luego te manifiestas. El convocante se asegura así el número mínimo de personas que necesita para que se note el bullicio —y se complique la llegada de los procesados— y de paso en los centros oficiales puede verse quién ha ido a trabajar y quién no. Fiscalizando al personal hasta el infinito y más allá.

Ésta es la noticia de la jornada. El procés…judicial. O cómo hemos pasado del procés a los processats.

Todo lo que va a suceder desde ahora y hasta la misma puerta del tribunal lo controla el partido de los procesados y su gobierno autonómico. A partir de la puerta ya no controlan nada. En la sala de justicia ya no son Mas y compañía los que dirigen la escena, es un tribunal compuesto por tres jueces a los que se presupone conocimiento de la ley y capacidad para no dejarse influir ni por manifestantes no por eslóganes.

Les recuerdo que lo único que se juzga aquí es la actuación de los procesados en la celebración de la consulta independentista del nueve de noviembre de 2014, el 9-N. Si desobedecieron a sabiendas la suspensión decidida por el Tribunal Constitucional o no lo hicieron. Se juzga eso y nada más.

Artur Mas convocó una consulta. El gobierno central la recurrió. Y el Constitucional la suspendió cautelarmente mientras analizaba a fondo el asunto.

Mas podría haber dicho: oiga, el Constitucional ha suspendido la consulta, no ha entrado aún en el fondo del asunto, luego…esperemos a que se pronuncie sobre el fondo. Paremos todo y esperemos. De haber actuado así, hoy no estaría pasando nada.

Pero él sabía dos cosas:

• Que pararlo todo y esperar a la sentencia le retrasaba varios meses el calendario.

• Que llegada esa sentencia, las probabilidades jugaban en su contra porque la consulta —lo sabía entonces y lo sabe ahora— es inconstitucional. La consulta, el decreto y la ley autonómica con la que pretendía ampararlo.

Por eso no esperó. Ni paró nada. Tiró para adelante en una decisión política, con riesgo de infracción penal, que le ha llevado a donde hoy está. Un banquillo que demuestra que el Tribunal ha apreciado indicios de delito pero que no presupone culpabilidad ni condena. Es posible que al final de la vista Artur Mas quede exonerado.

• Si sale absuelto, los profetas del procés proclamarán: ¡se ha hecho justicia! Dirán: varapalo al gobierno central. Dirán: no hubo desobediencia. Dirán todo eso que hoy ya sabemos que dirán.

• Si sale condenado, entonces no dirán “se ha hecho justicia”, sino "¡qué burda representación, qué tremenda politización, que agresión (otra) del Estado español contra la voluntad de los catalanes”. Dirán todo eso que hoy ya sabemos que escribirá Rahola.

Conviene recordar, en fin, que este president al que Convergencia hoy arropa en la calle y al que Esquerra arropa bastante menos no está fuera de la presidencia porque fuera procesado y decidiera apartarse. No. Está fuera de la presidencia porque el socio escogido por Junts pel Si, la CUP, exigió su cabeza —Salomé— y ésta le fue entregada.

Fue la CUP quien, de facto, inhabilitó como presidente al rey Artur.