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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "De Guindos juega con arnés: compite por el sillón del BCE pero sin dejar su ministerio"

Es como si se hubiera construido una pasarela. Para usarla sólo él. Una pasarela que empieza en el Paseo de la Castellana, Madrid (España), y termina en la orilla del río Meno, que está en Francfort (Alemania).

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 08/02/2018 a las 08:13 horas

Luis de Guindos ha empezado a recorrer la pasarela subido a un sillón de ruedas. Agarrado al ministerio pero contándonos a todos que lo suyo en el Banco Central es seguro. Convencidísimo está de que la vicepresidencia del Banco Emisor se la van a dar a él, el candidato del gobierno de España. Estaba convencido ya hace un año y sigue convencido hoy.

España va a conseguir este puesto. Convencido.

Si tan convencidos están, él y Rajoy, de que tienen el sillón en el bolsillo, ¿por qué no deja ya el ministerio? La tradición, ya se lo contamos ayer, es que los aspirantes a puestazo en el Banco Central —que no es una institución gubernamental, sino autónoma— dejen el cargo que están desempeñando para guardar las formas. Más aún, si el cargo que estás desempeñando es el de ministro de uno de los gobiernos del euro. Queda rarito pasar, en veinticuatro horas, de ministro de un gobierno (subordinado a los deseos de tu presidente) a consejero absolutamente independiente —independentísimo— del Banco Central Europeo.

Teletransportado desde la Castellana hasta el Meno.

Esto es jugar a lo seguro. Compito por el sillón nuevo pero manteniendo, por si acaso, el viejo. Te lanzas a la competición con el arnés de seguridad. Si hay turbulencias, tiras de la cuerda y te vuelves p'al ministerio. Esto debe ser la famosa flexiseguridad.

Las formas, en esta candidatura, han sido sacrificadas en favor de la comodidad de sus dos protagonistas:

De Guindos, que sólo cesa si llega al otro lado de la pasarela.

• Y Rajoy, que se da tiempo a sí mismo para decidir quién le releva.

Érase una renuncia en diferido. Una dimisión aplazada. Un abandono a cámara lenta. Mira, mira, ya está el ministro un metro más lejos de su sillón de ahora y uno más cerca del nuevo. Y mañana, otro metro.

De Guindos recoge el premio al trabajo realizado.

Premio de los socios europeos —ahí está la señora Merkel— por la disciplina con que el gobierno de España asumió las reformas a que fue empujado, y premio de su jefe, Rajoy, que le da la carta de libertad a sabiendas de que lleva queriendo irse del gobierno desde hace tiempo.

Seis años en el cargo. Cuando De Guindos llegó a ese ministerio la situación de España se parecía poco a ésta de ahora. La economía, toda ella, estaba en riesgo de rescate porque se había desplomado la actividad y se había disparado el coste del dinero que pide prestado el Estado.

Los indicadores económicos eran todos alarmantes, el paro superaba los cinco millones de personas y las cajas de ahorro ya habían iniciado su naufragio. Hoy crecemos al 2,5 % y la tasa de paro ha pasado del 23 % al 18. Pero hay quien no comparte la buena opinión que los ministros europeos tienen del ministro nuestro. Irene Montero, voz autorizada seguro que en otras materias, considera inaudito que se considere un buen gestor a De Guindos.

Miren, la prueba más palpable de que la economía española —con todas sus averías, sus desigualdades y sus asignaturas pendientes— está hoy bastante mejor que cuando De Guindos llegó el ministerio es que los medios de comunicación en aquella época sólo hablamos de economía y de lo mal que estábamos y hoy sólo hablamos de Puigdemont y de lo mal que se le ha puesto lo suyo.

El serial, ¿cómo va el serial del señor éste que se fue de su país huyendo de la fiscalía y pretende ejercer, desde Waterloo, como gobernador de Cataluña?

La representante del fantasma en Barcelona, señora Artadi, anunció en el capítulo matinal de ayer que por la tarde, o como muy tarde hoy, conoceríamos ya los espectadores la fórmula mágica que han encontrado para tener contento al jefe y nombrarle emperador de los países catalanes. Pero luego salió un señor de Esquerra, que se llama Sabriá, y dijo que menos fuegos artificiales porque las uvas siguen estando verdes.

Que sí pero que no, que no pero que sí, los de Esquerra, en un rapto de realismo, son muy conscientes de que están atrapados en el mundo paralelo de este señor. Ni lo pueden mandar a hacer puñetas, porque Rufián tendría que preguntarse a sí mismo por las treinta monedas, ni le ven sentido a inventarse una corte imperial en Flandes que vacíe de contenido, y de poder, a quienes pretender ejercerlo en el Parlament y en Barcelona.

Enfriando a Puigdemont, parece que es el título del episodio de hoy.

Con Nuevo Tono Torrent, presidente del Parlament parat, el Parlamento parado, caminito de Estremera para rendir visita a su jefe de filas, Oriol Junqueras. Si te vas a Bruselas a ver qué quiere Puigdemont te toca ir a prisión a ver qué quiere Junqueras. Lo de la investidura no avanza, pero el amigo Torrent se está hinchando a hacer kilómetros. Si pasa gasolina, quiebra el presupuesto de la cámara.

Realmente lo que hay que empezar a preguntarse esta mayoría independentista que habla de sí misma como si fuera un solo hombre quiere, de verdad, gobernar Cataluña. Tanto marear la perdiz, tanto darle vueltas a la nada, tanto fabular planes perfectamente inviables, ¿de verdad quieren gobernar?

Usted, Puigdemont, ¿de verdad quiere que haya un gobierno?

Usted, no. Y por eso está montando todo este cirio de Waterloo y los cien mil hijos del procés

Pero es usted consciente de que los de Esquerra… le están dando largas porque le consideran un estorbo.

¿Y los de Esquerra, Junqueras y Torrent, para usted son también un estorbo?

Es usted parco en palabras, Puigdemont. Hay quien dice que sólo hace usted frases largas cuando habla con los medios independentistas.

Entonces, la posibilidad de que acabe usted siendo un gato de escayola, un florero…flamenco, usted ahora mismo la tiene presente.

Ya, ya, no le gustaría. Pero asume usted que igual se queda colgado de la brocha.

¿Sí? ¿En serio me lo está diciendo usted?

¿No? No pero sí, sí pero no. El enredo éste que alimenta usted cada día es una estrategia para que el 155 se siga aplicando y no haya nuevo gobierno en Cataluña. Es eso, ¿no?

Pues le agradezco mucho que me haya dicho una frase larga. Por cierto, ¿se acuerda usted del vídeo aquel que hicieron los de Òmnium Cultural con una actriz que sufría muchísimo y pedía ayuda al mundo mundial para salvar el proceso?

Bueno, pues salió por ocho mil euros. Aparece en el informe que la guardia civil ha entregado a la juez Lamela con el desglose de gastos de los Jordis en la movilización para mantener viva la tensión con el Estado.

• Ocho mil, el vídeo de Help Catalonia.

Trescientos mil en el alquiler de autocares para mover manifestantes.

Un millón y medio de euros en total para actividades diversas.

Como diría el profesor Rodríguez Braun, será por dinero.