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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Cuando Trump llama a tu casa lo peor que te puede pasar es que es que termine con un 'estás despedido', Mariano"

Si Trump no te pega un berrido, te cuelga el teléfono o te manda a hacer puñetas es que no eres nadie. O peor, que eres un tibio, un blando que le deja hablar sin llevarle la contraria en nada: no provoquen a la bestia

 |  Madrid |  Actualizado el 08/02/2017 a las 09:07 horas

Nunca una llamada telefónica había levantado tanta expectación:que va a llamar Trump, decían anoche en la Moncloa. “Defcon Trump”. Despejad la línea, no vaya a impacientarse. Que va a llamar, que llama, que llama. Y se imagina uno a Rajoy, con el Barça-Atleti puesto en la tele pero sin quitar la vista del teléfono góndola. Por si al entrar la Donald- llamada pega un bote que se descuelga solo.

Ahí lo tienes. Washington calling. Pelo naranja al otro lado de la línea.

—¡El intérprete, que venga el intérprete!

—¡Y Moragas, dónde está Moragas!

—Viendo el fútbol, presidente.

—Pero qué clase de gobierno es éste.

Cuando Trump llama a tu casa lo peor que te puede pasar es que termine la conversación con un…Estás despedido, Mariano. ¿Despedido de qué, si tú aquí no mandas? Ya, pero una vez que este señor te ha colgado, no intentes llamarle tú a él.

Según la nota hecha pública por La Moncloa, Rajoy le ha dicho a Trump que vamos a llevarnos bien, que aquí el gobierno es muy estable, crecemos al 3% y nos no va a perjudicar el Brexit. Y que oye, como somos europeos pero integrantes, también, de la comunidad iberoamericana, puede matar dos pájaros de un tiro: nos llama a nosotros cuando quiera algo de Europa o de Latinoamérica y hacemos de puente. Del muro en México, la restricción a los visados y el portazo temporal a los refugiados, ni media palabra.

Bien, pero lo interesante es: ¿qué le ha dicho Trump a Rajoy? ¿Qué sabe de España, qué espera de España, qué cree que piensa España de las cosas que él está haciendo? Pues…silencio administrativo. De lo que haya dicho Trump no ha trascendido más que una reseña gubernamental de puro trámite. Y la nota de la Casa Blanca no es que sea de trámite, es que una plantilla que vale para la mitad de los gobernantes con los que el nuevo presidente está hablando.

Lo más importante que tiene Trump entre manos no es, de todas formas, la diplomacia telefónica. Lo relevante para este comienzo suyo de mandato es la vista judicial que se está celebrando en California. Los estados de Washington y Minesota contra el comandante en jefe por saltarse, presuntamente, la ley. Los medios de allí sugieren que de los tres jueces que forman el tribunal, uno está con las tesis del gobierno y los otros dos se muestran, como poco, escépticos sobre la legalidad de la orden ejecutiva. El quinielismo entre juristas consultados por los medios se decanta del lado de los estados demandantes.

Examen judicial al poder ejecutivo —el control, la separación de poderes, piedra angular del sistema—.Con Trump enviado mensajes a la opinión pública que vinculan de nuevo inmigración con terrorismo —su estribillo favorito— y que pretenden enfrentar la ley con lo que él llama, qué sorpresa, el sentido común.

“If you remember, ISIS said, ‘We are going to infiltrate the United States and other countries through the migration,’”“And then we’re not allowed to be tough duros on the people coming in? Explain that one.” “We’ll see what happens,” It's common sense. You know some things are law, and I’m all in favor of that. And some things are common sense. This is common sense.”

Es costumbre que gobernantes, políticos, comentaristas, se atribuyan a sí mismos el sentido común como truco para poner fin a cualquier debate. El sentido común, curiosamente, siempre coincide con la posición de quien lo invoca. Trump no iba a ser menos. Sólo que él introduce este matiz inquietante: hay cosas que debe regular la ley y hay otras que son de sentido común. Que es la manera de decir que, como él tiene razón y es evidente lo que hay que hacer, lo que diga la ley es secundario.

En este programa le preguntamos ayer al ministro del Interior, Zoido, cuál fue el resultado de la investigación interna para averiguar quién grabó la famosa conversación de su antecesor, Fernández Díaz, con el director de Anti Fraude de Cataluña.

Ningún interés mostró el ministro en saber la respuesta a la pregunta, o las preguntas: quién grabó y quién filtró a la prensa.

Hoy trae El Mundo una entrevista con el jubilado director operativo de la policía, el número dos del cuerpo en la etapa de Fernández Díaz. Eugenio Pino se llama. Sobre esto de la grabación dice que en el ministerio del Interior hay salas donde se graba todo (salas, no menciona el despacho del ministro). Que en el caso de Fernández Díaz el problema no fue quién grabó sino quién custodió la grabación (una forma de admitir que la grabación la hizo el propio ministerio). Y que hubo una investigación al respecto y un informe. Entonces, ¿se sabrá alguna vez quien filtró?, pregunta Urreztieta. Dice Pino: si el ministro no tiene interés, pues evidentemente no.

Y dice más cosas el ex alto cargo policial:

• Que no existió una brigada Cataluña dedicada a obtener

• Que antes había jueces muy echados para adelante pero que ahora son muy garantistas. Y que por eso él pidió varias veces detener a los Pujol, pero fiscalía y juez alegaron que no había suficientes motivos.

Un pendrive que procede de un hackeo a ordenadores de los Pujol. “Lo facilitó una persona próxima a la agencia Método 3, quizá lo que faltó es un acta de entrega”.

El nuevo director operativo de la policía, comisario Villabona, se refería, seguramente, a todo esto cuando en su toma de posesión se propuso recuperar la confianza del poder judicial en la policía, deteriorada por investigaciones en las que ha habido mucha trompetería mediática pero pocas nueces para armar un sumario.

Villabona ha empezado la limpieza.

García Castaño fuera.

Sostiene el CIS que cuando se nos pregunta a los españoles cuál es el mayor problema que sufre España decimos, más de la mitad, el paro. Muchos españoles dicen que es la corrupción. Y muchos también, que los políticos y la situación económica. Nadie (cero por ciento) responde la reforma laboral, o el precio de la energía, o los bancos, los desahucios, el fraude fiscal o la vivienda. Sólo cuatro de cada cien de nosotros menciona el terrorismo internacional entre los tres principales problemas que sufrimos. Y sólo dos de cien (el 1,8 % en concreto) incluyen la violencia contra la mujer entre los tres primeros problemas de este país.

El CIS arroja a menudo conclusiones tan llamativas como éstas.

¿Y el proceso indepedentista catalán? ¿A cuántos ciudadanos les parece que es el principal desafío al que se enfrenta España? ¿Cuántos lo mencionan como el primer problema que tenemos? Un 0,6 %. ¿Cuántos lo hacen entre los tres primeros problemas? Un 1,4 %. ¿Para cuántos ciudadanos es el asunto que les afecta más personalmente, en su vida cotidiana? Atención: un 0,5 %. ¿Y esos cuántos ciudadanos son? Pues mire, si contamos mayores de 16 años (dejamos a los niños fuera), somos, redondeando, cuarenta millones de españoles. Un 0,5 % son doscientos mil. Para 200.000 ciudadanos, la posible independencia catalana es el asunto que más les afecta. Para medio millón, es uno de los tres problemas principales que tiene España. Medio millón.

No significa, claro, que no lo sea. El mayor elemento de incertidumbre, el mayor desafío al que se enfrentan el gobierno y el Parlamento. Significa que sólo medio millón de ciudadanos percibe el procés como uno de nuestros tres primeros problemas.

En el PSOE están encantado con el barómetro del CIS porque dice que va recuperando intención de voto. Esta vez no salió el portavoz de guardia a cuestionar los números. Al revés. Se siente tan avalada la gestora socialista que se jaela a sí misma.

Javier Fernández tiene, en efecto, mejor nota que el resto de los líderes nacionales. Aunque a Rajoy, Iglesias y Rivera los conoce casi todo el mundo y a Fernández no le pone cara el 70 % de los encuestados. Hace tiempo que el CIS ha demostrado que cuanto menos te conozca la gente, más posibilidades tienes de obtener buena nota. El político más apreciado del país resulta ser…Joan Baldoví. El 82 % de los españoles no tiene ni puñetera idea de quién es. A Pablo Iglesias lo conoce todo el mundo: saca peor nota que Rajoy, que Rivera y que la mitad de los ministros. En realidad, los dos político que mejor parados salen, combinando grado de conocimiento y valoración del público, son Alberto Garzón y Albert Rivera.

El PSOE, es verdad, mejora un poco su estimación de voto. Temían pegarse un testarazo por haberse abstenido en lo de Rajoy y han salido bien parados. Igual no es mala idea hacerse de derechas, dicen de broma. A los votantes no parece que les haya espantado la abstención; a los militantes, que elegirán secretario general…en mayo lo sabremos.

¿Podemos qué? ¿Andan horrorizados sus votantes por el CristoAlegre que han montado estas últimas semanas, hondonadas de fraternales tortas? Pues muy entusiasmados seguramente no están, pero en este CIS de enero no se nota. Se mantienen los Podemos en la segunda plaza (sumando Podemos y sus marcas aliadas) aunque no le recortan apenas distancia al PP y están lejos de su récord electoral de 2015.

A quien se le ha ido la mano con la euforia es a la secretaria general del PP, ministra de Defensa Cospedal. Que su partido baje un poco y esté en el 33 % del voto no le impide proclamar que el PP es el partido favorito de todos los españoles.

A ver, de todos, todos. Es el partido favorito de 1 de cada 3 españoles, eso sí. Los otros dos tienen de favoritos a otros, ministra.