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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "¿Cuál es la respuesta proporcional al atraco en el Parlament?"

El día en que el gobierno que preside el señor Rajoy, con el respaldo del Partido Socialista y de Ciudadanos, activará los recursos legales para dejar en suspenso todo lo que ayer aprobó, por las bravas y pisoteando los derechos de la oposición, el rodillo independentista que comandan Puigdemont, Mas, Junqueras, los de la CUP y la inefable señora Forcadell, madre superiora del impresentable tongo parlamentario.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 07/09/2017 a las 08:09 horas

El Consejo de Ministros recurre hoy al Constitucional tanto la ley inconstitucional del referéndum (la falsa ley de autodeterminación) como la convocatoria del falso referéndum que firmó anoche, solemnísimo, el hijo de la CUP y de Artur Mas, Carles Puigdemont.

Anotemos la primera pregunta para la tertulia de esta mañana: ¿cuál es la respuesta porporcional y ajustada a un atraco?

Como presidente del gobierno, Rajoy representa al Estado. El Estado de Derecho que está siendo atacado.

Como líder del PP, representa al 33 % de los votantes.

Ya que tanto les gusta a los independentistas destacar el valor del voto, recordemos un par de números que ellos prefieren pasar por alto:

El PP, PSOE y Ciudadanos, juntos, suman 254 diputados de un Congreso de 350. Juntos son el 70 % del electorado. La abrumadora mayoría de la sociedad española. 16 millones de votantes.

Junts pel sí más la CUP no llegan a dos millones de votantes.

Que no triunfe su maniobra de distorsión que lleva años ejecutando el independentismo catalán. Esto no es es Puigdemont contra Rajoy. Ni el govern contra el gobierno. Ni el derecho a decidir contra el inmovilismo.

Esto es la mitad de la sociedad catalana, que ha encumbrado a Puigdemont, Junqueras, Forcadell, a Ana Gabriel, David Fernández (el de la alpargata) como sus líderes, intentando imponer su voluntad a la otra mitad de los catalanes y al resto de la sociedad española. Violentando sus derechos, nuestros derechos. Estos son los términos exactos del asunto.

No es un choque de trenes. Es un asalto.

Urdido durante meses y ejecutado ayer con la desfachatez, la insolencia, el desahogo de quien cree que tener la mayoría absoluta en un Parlamento legitima para cometer un atraco.

La puesta en escena de ayer, la forma (insultante) con que se condujeron ayer los líderes del bloque independentista ayer —singularmente la señora Forcadell, desinhibida ya como jefa de cuadrilla— es elocuente sobre lo que allí estaba pasando y sobre quiénes se han creído que son los asaltantes.

Si hay una cosa cosa positiva de la carnavalada delictiva que montaron ayer es ya nadie podrá engañarse, ha quedado todo claro. Ésta fue, si quieren, la paradoja: que la mascarada sirvió para que cayeran las máscaras. Fuera caretas.

Todo era lo que parecía que era.

Un simulacro de actividad parlamentaria, un engaño revestido de debate democrático, una farsa.

Estas son las ocho conclusiones que cabe sacar de ese pleno parlamentario bochornoso que adulteró con mano macarra la señora presidenta.

• Primera: Votar no significa actuar democráticamente. La mayoría absoluta del Parlamento catalán votó anoche y, sin embargo, demostró durante toda la jornada una ausencia total de respeto a los procedimientos democráticos.

• Segunda: Que se apruebe una cosa llamada "ley" no significa que lo sea. Ni que cambie nada en la vida corriente de los ciudadanos. Anoche aprobaron una cosa que llaman ley del referéndum, pero ni es una ley ni convierte en legal un referéndum. Y lo mismo cabe decir de la autodeterminación. Que una ley que no lo es proclame que existe el derecho a la autodeterminación del pueblo catalán no significa que exista. Porque a día de hoy, y mientras la Constitución no se modifique, no existe.

• Tercera: Lo del derecho a decidir siempre fue un tapadera, un truco, una añagaza para involucrar en la ruptura a catalanes no independentistas. Nunca han querido votar. Siempre han querido romper. No es el derecho a decidir. Es el derecho a subvertir.

• Cuarto: Ni Junqueras era el hombre sensato que echaría el freno antes de llegar hasta aquí, ni en Convergencia había un sector moderado que neutralizaría a Puigdemont, ni la burguesía catalanista que hizo grande a Pujol y su partido pero que nunca quiso romper con España acabaría moviéndose para impedir que se consumara la aventura. Aquí se han movido sólo unos pocos y con poco éxito. La supuesta mayoría de catalanistas sensatos se ha apuntado al silencio de los corderos. Esto era el seny, oiga, la legendaria sensatez, la cordura, de la clase media catalana.

• Y Quinto: ha quedado en evidencia que los portavoces independentistas no están legitimados, por más solemnidad con que se adornen, para hablar en nombre de Cataluña.

• Cataluña es también el 52 % del electorado que eligió a los diputados de la oposición.

• Cataluña es el Consejo de Garantías Estatutarias que vela por el cumplimiento del Estatuto de autonomía.

• Cataluña son los letrados del Parlamento y su secretario general.

• Cataluña son los jueces de tres asociaciones que han expresado su compromiso con la Constitución.

• Cataluña son los funcionarios y empleados públicos que cumplen la ley y quieren seguir cumpliéndola. La de verdad. No ésta ley de mentira.