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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Cara a la galería presumen de desobediencia y de república catalana, pero en el juzgado lo niegan"

Un aviso: el fantasma de Flandes, antes conocido como Carles Puigdemont, es un alma en pena esencialmente ociosa.

Carlos Alsina | @carlos__alsina |  Madrid |  Actualizado el 07/11/2017 a las 08:11 horas

Tiene todo el día libre para no hacer nada en concreto. Un hombre sin trabajo y sin necesidad de buscarlo porque en diciembre volverá a ser diputado. Ponerse detrás de una valla amarilla a contemplar obras en Bruselas no parece que le entretenga, qué mala suerte. Así que puede dar varias entrevistas diarias —siempre a medios extranjeros—, puede grabarse vídeos para que los emita su pantalla amiga, TV3, puede saturar de tuits las redes sociales y puede echar la tarde en un teatro con doscientos alcaldes de la compañía de teatros y danzas del movimiento nacional independentista o subiendo fotos a instagram de castells y de alpinistas.

Puede rendirnos a todos por agotamiento mucho antes de que empiece la campaña electoral. Él en lo que está —no lo pierdan de vista— es en su propia campaña de supervivencia política. Agarrado a la lista del PDeCAT para poder recuperar su aforamiento.

A los ex consejeros a los que dejó tirados en Barcelona también les sobra el tiempo en prisión. Junqueras puede escribir, si se lo propone, veinte artículos cada día. Sobre todo porque Junqueras, que es un hombre organizado, sabe que el secreto para que te cunda es escribir siempre el mismo: estado represor, violencia policial, pueblo catalán, democracia es votar y ay que ver qué buenas personas somos. A la plantilla de siempre le añade ahora que la ultraderecha campa por sus respetos en España y que el PSC le está haciendo la ola. Qué poco catalán el PSC, alineándose con los ultras que te apalean si no gritas viva España. Junqueras, en prisión pero en campaña.

Lo peor que le puede pasar a él y a sus compañeros de ex-gobierno es cambien de módulo al comisario Villarejo, éste coja por banda y les dé la brasa como si fueran sus colegas. Villarejo, sin grabadora, debe de sentirse otra persona, pero ya que en Estremera les sobra a todos también el tiempo pueden hacer tertulia sobre cloacas del Estado, policía patriótica y planes de insurrección separatista.

¿Hay presos políticos en Estremera?

Pues miran, ni ellos mismos se consideran tal cosa. No, al menos, en los escritos que han presentado en el juzgado, la Audiencia Nacional, recurriendo el encarcelamiento. No hablan de persecución política. Lo que dicen es que, como van a presentarse a las elecciones, queda claro que no piensan fugarse. Ay, si no fuera por Puigdemont qué solvente podría parecer este argumento.

Lo que dicen Junqueras y varios ex consejeros en su escrito es que existe posibilidad de que reincidan, en los delitos que el fiscal les imputa y ellos niegan porque, atención, ya no "ostentan cargo ejecutivo alguno". Admiten que acudieron a la Audiencia siendo "ya exconsejeros o exmiembros del Gobierno autonómico". Y esto es interesante porque, en la práctica, está admitiendo el abogado cuán perjudicial es para sus clientes seguir diciendo que son integrantes de un grupo, el gobierno de Cataluña, cuyo jefe está en Bruselas intentando dilatar cuanto pueda su declaración judicial en España.

En lo que sí acreditan perseverancia (por no decir reincidencia que suena feo) en la estrategia de siempre. La dualidad político-jurídica, digamos. Ya se vio en el juicio por el 9-N a Artur Mas: por un lado va el discurso propagandístico para la parroquia, heroico, inflamado, epopéyico, por otro va lo que se dice en los juzgados, el relato defensivo despojado de toda épica, flemático, burocrático e insulso.

• Cara a la galería te haces llamar vicepresident de la Generalitat, cara al juzgado niegas que tengas cargo alguno.

• Cara a la galería presumes de haber desatendido las resoluciones del Constitucional, ah, ese órgano político deslegitimado, cara al juzgado dices no haber sido consciente de desobedecer resolución alguna.

• Cara a la galería presumes de haber proclamado la República Soberana, cara al juzgado te agarras a que sólo fue una exposición de motivos sin valor jurídico alguno, oiga señorñía, que no iba en la parte resolutiva.

• Cara a la galería dices ser diputado de la República Catalana, como el dirigente de Esquerra con el que hablamos ayer, cara al juzgado (por si acaso te llaman) te niegas a confirmar que votaste a favor de la proclamación de la que haces gala.

"Nunca se dice" cuando uno sabe que decirlo puede ser la confesión de culpa.

Que somos todos valerosos luchadores perseguidos por nuestras ideas políticas, pero resulta que las ideas las seguimos proclamando abiertamente sin que nos pase nada. Eso sí, los hechos…con los hechos que nadie pueda vincularnos porque, en el fondo sabemos que son los hechos, y no nuestras ideas, los que podrían ser delictivos.

En media hora estará aquí el presidente del Poder Judicial, Carlos Lesmes, con el que hablaremos de esta ofensiva del independentismo contra la imagen de la justicia española. Ya saben que para Puigdemont y sus leales, la justicia buena buena de verdad es ¡la belga! Busque, compare y si tiene a mano un juez belga, no lo dude.

Anoche dijo el fiscal Maza que hay fundamentos de sobra para que Bélgica acceda a la entrega de Puigdemont a la justicia española.

Y anoche encajó un disgusto el independentismo. El PDeCAT, sobre todo. Artur Mas, que se trabajó durante años el apoyo del gobierno israelí a la causa separatista alinéandose con las políticas del gobierno de Netanyahu y mostrando cero simpatía por las revindicaciones palestinas, de pueblo elegido a pueblo elegido. Israel siempre fue para Convergencia su padrino más querido. El presidente israelí, un señor que se llama Rivlin, hizo causa común en la cena de anoche en el Palacio Real con el rey de España y el presidente Rajoy.

Para Israel, no hay pueblo catalán con soberanía propia para separarse de España en busca de la tierra prometida. Ya ni los israelíes, Artur Mas, ya ni los israelíes.