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TERRITORIO NEGRO

Territorio Negro: La Tigresa vuelve a casa

Idoia López Riaño, alias Margarita para los que fueron sus compañeros criminales en ETA, alias La Tigresa para los medios de comunicación, sale en libertad de la cárcel de Zaballa, en Álava. Tiene 53 años, mató o colaboró en el asesinato de 23 personas y lleva casi 23 años en distintas cárceles. Dibujamos la historia de López Riaño, la de sus crímenes y también la de sus últimos años, en los que ha pedido perdón, ha roto con ETA y ha intentado iniciar una nueva vida.

Luis Rendueles y Manu Marlasca |  Madrid |  Actualizado el 13/06/2017 a las 15:46 horas

Empecemos por lo que va a ocurrir este martes, Idoia López Riaño volverá a ser una mujer libre. Fue condenada a casi 2.000 años de cárcel por sus crímenes. Participó en el asesinato de 23 personas mientras fue terrorista, una de las más conocidas, de ETA. La primera pregunta, aunque sea una obviedad, hay que plantearla ¿es legal que quede libre?

Totalmente. El anterior código penal español, el vigente cuando fue detenida López Riaño, vigente desde el franquismo, permitía grandes redenciones de pena (por días trabajados en la cárcel, por estudios…) que los asesinos etarras aprovecharon. Nadie podía pasar más de treinta años en prisión, matara a dos o a 23 personas. Los algo más de siete años que ha quitado a esa pena máxima Idoia López Riaño son producto de esos beneficios por trabajo, por estudios que ha hecho en prisión, son totalmente legales y con un añadido, ella sí ha pedido perdón a las víctimas, a sus familias y a la sociedad. Así que es legal que mañana vuelva a ser una mujer libre.

Esta mujer, que ahora tiene 53 años, lleva en la cárcel desde que tenía 32. Y entró en la órbita de ETA siendo una cría, con unos 15 ó16 años.

Así lo cuenta ella. López Riaño nació en San Sebastián en marzo de 1964. Sus padres eran dos emigrantes. El hombre, de un pequeño pueblo de la comarca de Ciudad Rodrigo, en la provincia de Salamanca, que se llama Puerto Seguro. La madre nació en un pequeño pueblo de Extremadura. Los dos fueron al País Vasco a ganarse la vida. Ella como asistenta, él como carpintero. Algunas crónicas de los años ochenta hablan de que fue la madre la que se acercó a la órbita de Herri Batasuna. Lo cierto es que una muy joven Idoia López Riaño empezó a participar en manifestaciones contra la policía ya en 1982, con apenas quince años.

Eran años durísimos, años de plomo, con setenta, noventa asesinatos cometidos por ETA cada año, con secuestros, también con terrorismo de Estado (Batallón Vasco Español, GAL…). Y con 18 años López Riaño ya es una destacada miembro de un comando de ETA en Guipúzcoa.

Margarita, como la llamaban en clave sus compañeros etarras, forma parte casi sin ser mayor de edad del comando Oker junto al que entonces era su pareja, José Ángel Aguirre, y Ramón Zaparain. Atracan al menos cuatro bancos y cometen, que se sepa, tres asesinatos. Aguirre y López Riaño matan a tiros en un bar al que ellos acusaron de ser mercenario de los GAL Joseph Couchot. También asesinan a un policía, Máximo García, y a un marinero al que acusaron de ser traficante de drogas. En 1985 la policía detiene a Aguirre y Zaparain. López Riaño y otro terrorista huyen a Francia. El otro se llama Arturo Cubillas, acabará viviendo en Venezuela y, por cierto, con cargo en el régimen de Hugo Chávez, aunque esa es otra historia.

Cubillas acaba en Venezuela, pero López Riaño regresa y se incorpora a un comando terrorista que va a llenar de sangre y de dolor las calles de Madrid, el comando Madrid, que mató a 20 personas en apenas unos meses.

Aquel grupo de asesinos lo formaron Iñaki de Juana Chaos, Idoia López Riaño, Antonio Troitiño, Inés del Río y Juan Manuel Soares Gamboa, por cierto, el primero en abandonar ETA. No dudaron en utilizar coches bomba en calles muy transitadas de Madrid. Los oyentes más veteranos recordarán la masacre de la plaza de la República Dominicana, en julio de 1986, donde murieron 14 guardias civiles y otras 45 personas resultaron heridas cuando López Riaño y sus compañeros etarras hicieron estallar una furgoneta bomba al paso de dos autobuses con guardias civiles muy jóvenes. También hicieron estallar otro coche bomba en la calle Príncipe de Vergara. Esta vez mataron a cinco guardias civiles.

La Tigresa y el resto del comando Madrid eran sanguinarios y despiadados y además querían tener repercusión internacional. Lanzaron granadas contra la sede del ministerio de Defensa, frente al estadio Santiago Bernabéu. Madrid parecía Dublín o quizá algún lugar de Israel. Pero también cometían crímenes a quemarropa. Mataron así al teniente coronel Carlos Besteiro, al comandante del ejército Ricardo Sáenz de Ynestrillas y al conductor Francisco Casillas.

Y después de uno de esos asesinatos, de aquel terrible 1986, López Riaño, o Margarita, es apartada del comando Madrid. Los jefes de ETA la destierran. Aquí hay varias versiones porque ETA obviamente no daba explicaciones de su peculiar régimen disciplinario. López Riaño aseguraría años después que ella ya estaba en contra de esos crímenes y que trató de frenarlos sin conseguirlo. No parece demasiado creíble. Sobre todo, porque sus compañeros de comando fueron hablando cuando fueron detenidos. Ella participaba activamente, como el que más, en los crímenes. De hecho, en uno de esos asesinatos a quemarropa ella debía quedarse en el coche y cubrir la huida. Pero bajó y se sumó a los asesinos disparando ella también. Parece ser que su castigo se debió más a su indisciplina.

ETA la sancionó por sus continuas faltas de disciplina que ponían en riesgo al comando Madrid y la deportó siete años a Argelia, donde había otros terroristas díscolos. Allí estuvo entre 1986 y 1993, cuando acabó regresando al sur de Francia. Soares Gamboa, el primero que dejó ETA en 1995, explicaba al periodista Matías Antolín en su libro “Agur, ETA” que la Tigresa era “ante todo, esclava de su cuerpo y de su cabello. No he conocido una militante de ETA más terrenal que esa mujer”.

La belleza de la Tigresa, su capacidad de seducción también su gusto por las discotecas, forman parte de su leyenda. Lo cierto es que la policía supo de esas aficiones, que le causaron graves problemas con sus compañeros terroristas, y llegó a vigilar un garito de la plaza de los Cubos, en Madrid, una discoteca llamada Cobre. Incluso durante unas semanas puso un joven y guapo policía como cliente cebo para ver si López Riaño caía, pero no hubo suerte.

Fue una mujer joven y hermosa, de brillantes y grandes ojos claros, además de una asesina. Algunos testimonios explican que guardaba fotos de algunas conquistas en un cajón de un piso franco. Lo cierto es que cuando empezaba en ETA, en Guipúzcoa, sí tuvo relaciones con un guardia civil. Los dos tuvieron un accidente de tráfico leve, sellaron un parte amistoso para el seguro y ahí empezó su historia digamos íntima. El guardia obviamente no sabía quién era ella. El resto de andanzas sexuales de La Tigresa con policías o guardias civiles de paisano en noches de Madrid no lo tenemos confirmado. Lo que sí parece cierto es que ella se presentaba a algunos de sus ligues nocturnos como una guardia civil en misión especial y secreta.

En 1993 regresa en la clandestinidad al sur de Francia, acabado su destierro en Argelia. Y allí, pocos meses después, la detienen. La policía francesa detuvo a López Riaño con documentación falsa y al volante de un coche en marzo de 1994. Iba con un hombre y llevaba una pistola Browning. Aquí sí seguía las instrucciones de ETA. Entonces ordenaba a los terroristas llevar siempre el arma, podía parecer una torpeza si los paraban, pero en realidad lograban cometer un delito en Francia (tenencia ilícita de armas) y así evitaban que los enviaran a España para ser juzgados. Con ese sistema López Riaño estuvo casi siete años en cárceles francesas hasta que por fin fue extraditada a España.

Y aquí, a partir de 2001, se la condena por 23 asesinatos, otras decenas de intentos de asesinatos, cuatro atracos… a 2.111 años de prisión.

En 2002 participó desafiante y muy arreglada en el juicio por la matanza de la plaza de la República Dominicana. Entonces se dirigió al tribunal, y antes de despedirse con un Gora ETA anunció: “mientras ustedes se empecinen en que nos van a asimilar con este engendro de estado nosotros seguiremos enfrente hasta que dejéis Euskalherria en paz”. Desde entonces va a iniciar un periplo por cárceles españolas (ha pasado por 16 diferentes). Primero, la trasladan a prisiones lejanas al País Vasco. Y allí, en una de ellas, en la de Picassent (Valencia), se casa con otro etarra, Juan Ramón Rojo, en mayo de 2004.

Las primeras señales visibles de querer romper con ETA las da López Riaño en 2006. Se niega a participar en los chapeos (encierros de presos de ETA que no salen al patio) ni en huelgas. Empieza a ir por libre, mucho más después de que ETA rompa la tregua con aquel atentado en la T4 del aeropuerto de Barajas, a finales del año 2006. La trasladan a la cárcel de Badajoz y allí coincide con otro etarra, Joseba Arizmendi, que también está haciendo el mismo viaje interior.

López Riaño decide separarse de su marido, otro etarra condenado por asesinatos, en este caso del comando Vizcaya, y se empareja con Arizmendi Oiartzabal, que llevaba preso por varios asesinatos desde 1991.

Los dos anuncian en el año 2010 que dejan ETA. La verdad es que es una decisión valiente y muy arriesgada. La banda terrorista tarda más de un año en asumir ese golpe y solo a finales de 2011 anuncia lo que todo el mundo supone: la expulsión de López Riaño y su pareja. Ambos reciben un premio a ese gesto, son trasladados a una cárcel del País Vasco, pero conviene no olvidar lo que perdieron: abogados gratis, apoyo a todos los niveles de una organización terrorista con un montón de tentáculos todavía hace siete años y pasan a ser considerados traidores en sus pueblos, entre sus amigos, entre su gente de los últimos treinta años.

No es fácil romper con ese mundo, ser un traidor, algunos lo pagaron con la vida, otros con el destierro, el vacío. Esta semana habláis de una red de apoyo que ayuda a los presos de ETA que vuelven a casa tras años de cárcel, pero sin pedir perdón ni condenar los crímenes.

Hay una asociación Harrera (Recibimiento) que ayuda a los presos etarras que salen de prisión tras quince, veinte o veinticinco años de cárcel. Les buscan trabajo, casa, muebles, les orientan por ejemplo para cobrar ayudas… Evidentemente, La Tigresa y su pareja como muchos otros no podrán llamar a esa puerta, ni nadie les recibirá como héroes en sus pueblos como todavía sigue pasando. Ocurrió por ejemplo en Lekeitio con Kaskillos, otro ex del comando Madrid que no ha pedido perdón; o en Ansoain con Mercedes Chivite, que tampoco ha pronunciado esa palabra. Toda esa red de seguridad, de calor, la perdió La Tigresa hace siete años.

Los dos, López Riaño y su pareja, van a la cárcel de Nanclares de Oca, en Álava, donde el Ministerio del Interior de Rubalcaba explora esa vía. ¿Qué han hecho allí todos estos años, ya siete, desde que rompieron con la banda terrorista?

Arizmendi y López Riaño aceptaron trabajar, participar en actividades de la cárcel, algo que ETA prohíbe hacer a sus presos. Así, ella fue ordenanza en la enfermería de la cárcel y él estuvo en el servicio de limpieza. Tenían un par de horas de patio al día y derecho a un vis a vis cada mes. Ella se apuntó al programa TACA (Terapia Asistida con Animales). López Riaño fue la encargada en la cárcel de cuidar a Senda y Kuy, dos perros adiestrados para tratar con presos enfermos mentales o autistas. Ella estuvo en talleres de cerámica, tai chi, pintura (no lo hace mal) y estudió Periodismo e hizo cursos de euskera, valenciano y francés, entre otras materias. En 2015, durante unos permisos, se sacó el carnet de conducir. Lleva ya cinco años trabajando en prisión, su último destino ha sido el economato, y podrá pedir el paro o una ayuda al salir.

Ambos pasaron a la nueva cárcel de Zaballa y Arizmendi salió en libertad a finales de 2013. Fue noticia porque le negaron la ayuda que el estado da a todos los presos que vuelven a la calle: 426 euros mensuales durante un máximo de año y medio para ayudarles a reintegrarse en sociedad. Se la denegaron, pleiteó, y dado su arrepentimiento expreso y público, la recibió tras una sentencia de un juzgado de lo Social. Los dos siguen juntos, él ha seguido yendo a visitarla y a “comunicar” en prisión y todo indica que será a su casa donde ella se traslade a iniciar mañana su nueva vida.

Parece que su arrepentimiento es sincero. López Riaño ha escrito numerosas cartas explicando su viaje desde ser una asesina a una asesina arrepentida. Es cierto que solo asume dos asesinatos (digamos los más honorables para un criminal: matar a un asesino de los GAL y a un traficante de drogas) y que dice que trató de parar el resto, pero también es cierto, insistimos, que ha roto con todo un mundo, un mundo influyente y cerrado que te garantiza sustento y apoyo. Vamos a leer algunos textos que ha escrito López Riaño desde la cárcel. Una de sus cartas empieza diciendo…

Dice La Tigresa: “Me metí en ETA muy joven, llena de ideas románticas e idealistas y los que me captaron supieron enseguida cómo hacerme elegir: con nosotros puedes salvar a un pueblo. Así de estúpidamente me dejé llevar y sí de dolorosamente sigo sintiéndolo en cada poro de mi piel y en cada latido de mi corazón… Asumo mi actividad delictiva en el seno de ETA, mi absoluto y profundo dolor por el daño causado y mi total y absoluta disposición desde hace años a contribuir en lo posible a la reparación desde el mayor respeto a las víctimas…

Asegura que siente dolor y que lo sentirá el resto de su vida. De hecho, hay hijos de víctimas de ETA que han apoyado sus peticiones estos años para poder salir de permiso, por ejemplo. “Las muertes que este comando provocó me duelen en lo más profundo del alma”, y sigue insistiendo en que se jugó la vida para intentar que no hubiera más matanzas. Las personas que han tratado con ella en los últimos años dicen que ha cambiado, que es sincera y que eso sí, sigue siendo un personaje, una mujer consciente de su fama, de su leyenda y de su atractivo más o menos morboso.

Hace muchos años, cuando una ambiciosa periodista trató de llevarla al huerto para hacer un libro, López Riaño le pidió que le enviara a prisión un traje de novia para casarse por primera vez. La periodista lo hizo, pero a La Tigresa no le gustó el traje. Se lo devolvió y pidió que le enviara otro, concretamente uno de Armani. En fin, ella misma ha dejado escrito en otra de sus cartas desde prisión que quizá le persiga, desde mañana, una cita de Maquiavelo: “todos ven lo que aparento, pocos ven lo que soy”.