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TERRITORIO NEGRO

La reina del viento: la alcaldesa corrupta de La Muela

María Victoria Pinilla fue alcaldesa de La Muela, una localidad cercana a Zaragoza, durante 24 años. Durante su mandato, su pueblo, gracias al impulso –y el dinero– de los 500 molinos instalados allí, quintuplicó su población y consiguió que allí actuaran Julio Iglesias y las mejores figuras del toreo en una plaza de toros que no tenía nada que envidiar a las de muchas capitales de provincia. Pero también convirtió La Muela en el centro del mayor episodio de corrupción urbanística de Aragón y uno de los más grandes de España. Desde la pasada semana, María Victoria Pinilla se sienta en el banquillo junto a su ex marido, sus tres hijos, parte de los componentes de sus equipos de gobierno y unos cuantos empresarios. Hoy, presentamos en Territorio Negro a quien era conocida como La Reina del Viento, la alcaldesa de La Muela.

Luis Rendueles y Manu Marlasca |  Madrid  |  Actualizado el 14/07/2016 a las 00:06 horas

Mariví Pinilla, como es conocida, se convirtió en alcaldesa de La Muela en 1987, al frente de una lista del CDS. Tenía 30 años, era huérfana de padre y llevaba trabajando desde los 12 años. En esa época, regentaba junto a su marido, Juan Antonio Embarba, una granja de conejos. La Muela era entonces un pueblo de apenas 500 habitantes, a unos 20 kilómetros de Zaragoza en la vía que une Madrid con la capital aragonesa. Tras el derrumbe del partido fundado por Adolfo Suárez, la alcaldesa Pinilla fue renovando mandatos, esta vez bajo las siglas del Partido Aragonés Regionalista.

Fue renovando mandatos porque sus vecinos la votaban masivamente. Ya en sus primeros mandatos, Pinilla se dio cuenta del potencial que tenía la situación del pueblo para instalar allí parques eólicos. En suelo de La Muela se levantaron más de 500 molinos, que proporcionaron mucho dinero al pueblo: el terreno se vendía o se alquilaba a las empresas que explotaban los molinos. Así que, gracias al impulso del viento, La Muela fue creciendo y quintuplicó su población en una década –unos 5.000 habitantes– convirtiéndose además en una de las localidades más prósperas de España.

Pinilla y su equipo de gobierno estaban bien vistos a los ojos de sus vecinos. Mientras que en otros pueblos cercanos, los consistorios subvencionaban viajes de los vecinos a Benidorm, los vecinos de La Muela viajaban al Caribe, México, Canadá o Finlandia a precio de saldo. Los jóvenes que querían ir a la universidad tenían becas municipales y un programa laboral para trabajar en verano. Además, La Muela levantó tres museos: museo de la vida, museo del aceite y el único museo del viento del mundo, un centro de interpretación de la energía eólica, el maná de La Muela.

Lo que hicieron Pinilla y sus ediles fue adoptar el modelo pelotazo, un desarrollo urbanístico salvaje con un procedimiento tan viejo como eficaz: se vendía el suelo muy barato, incluso a precios por debajo de mercado, a empresarios y constructores amigos. Después, se recalificaba el suelo, los empresarios revendían y daban el pelotazo y repartían las comisiones para Pinilla y su equipo. Una operativa de primero de corrupción…

Pero, como tantas otras veces, el pueblo no se enteraba o no se quería enterar de lo que pasaba, porque a ellos les llegaba el dinero que procedía de esas prácticas corruptas… Luego veremos que la mayoría del dinero se quedaba en manos de los responsables municipales, pero no cabe duda de que Pinilla supo aplicar mejor que nadie aquella máxima del pan y circo. En apenas 40 días construyó una plaza de toros cubierta que costó dos millones de euros en un pueblo sin ninguna tradición taurina. La excusa de la alcaldesa fue que la hicieron para que pudiese actuar Julio Iglesias, que solo lo hacía en cosos taurinos. Además, por allí pasaron primeras figuras tan conocidas como Fran Rivera o Jesulín de Ubrique.

Pero es que, además, La Muela contaba con un auditorio excepcional, que costó más de tres millones de euros y con una ciudad deportiva propia de los mejores clubes profesionales de Europa. El complejo deportivo, que tenía hasta piscina climatizada, era la joya de la corona y costó casi veinte millones de euros.

El equipo local, dirigido por un hermano de la alcaldesa, fue refundado en el año 2005 e impulsado con una enorme inyección de dinero del consistorio. Desde entonces, fue subiendo de categoría año tras año, desde la segunda regional hasta segunda B. El equipo se reforzó con varios jugadores procedentes de toda España, que fueron fichados a golpe de talonario, con dinero municipal.

Y mientras los vecinos viajaban, disfrutaban de sus museos, de su equipo de fútbol. La alcaldesa y los suyos seguían actuando con impunidad, llenándose los bolsillos… Hasta 2008. En esa fecha, varios concejales de la oposición y, sobre todo, un empresario harto de pagar millonarias comisiones por poder construir en La Muela, acudieron a la policía, a la UDEF, que por aquel entonces ya había hecho unas cuantas operaciones contra la corrupción. Los denunciantes contaron lo que estaba ocurriendo a la sombra de la prosperidad que parecía rodear La Muela. Hablaron de las comisiones y apuntaron la posibilidad de que Mariví Pinilla y su familia estuviesen enriqueciéndose de forma ilícita.

En 2008, cuando la policía arranca la operación Molinos, como la bautizaron, la alcaldesa cobraba 42.000 euros anuales, pero los agentes se dieron cuenta de que ella y su familia habían incrementado su patrimonio en más de 600.000 euros en un año. La policía comenzó a escuchar y a vigilar a la alcaldesa y a su círculo personal y profesional en los primeros meses de 2008. Durante un año entero vieron y escucharon todo un manual de la corrupción. Porque, además, la sensación de impunidad era tan grande que ni siquiera disimulaban.

Durante ese año de investigaciones que duró la operación Molinos, oyó como, por ejemplo, la alcaldesa encargaba traer un cuadro desde la Polinesia en un avión de Air France, como la llamaba una encargada de la tienda Dolce & Gabanna en Madrid para ultimar los detalles del envío de un montón de ropa que había comprado días antes, como compró joyas en Italia para sus sobrinas, como uno de sus hijos encargaba a pares pantalones Ralph Lauren para su novia o como su nuera se gastaba 600 euros en una falda de Carolina Herrera.

Y todo, recuerden, en teoría con un sueldo de poco más de 40.000 euros al año y una granja de conejos como única actividad profesional al margen de su carrera política.

Los números no cuadraban de ninguna manera. Porque la policía también descubrió muchas propiedades a nombre de la alcaldesa, los miembros de su familia y sus empresas. La más llamativa es una casa en Casa de Campo, una exclusiva urbanización de La Romana, la mejor zona de la República Dominicana. Allí, las mansiones tienen un mínimo de 450 metros y piscina privada. La casa de la alcaldesa, que estaba a nombre de su hijo Víctor, estaba en la misma zona que las de Sharon Stone, el diseñador Óscar de la Renta o Julio Iglesias.

Ante el juez, una vez detenida, Mariví Pinilla dijo que la casa en La Romana había sido una ganga, que le había costado poco más de 180.000 euros, algo poco creíble porque no hay ninguna casa en la zona que esté valorada en menos de un millón de euros. La casa está a escasos metros de la playa caribeña de Mintas y junto a un campo de golf y un anfiteatro al estilo romano que fue inaugurado por Frank Sinatra.

La mansión en La Romana era la joya de la corona, pero atención, porque la antigua criadora de conejos tenía otras propiedades. La policía encontró también un chalé en la exclusiva urbanización gaditana de Sotogrande a nombre de Juan Antonio Embarba, el marido de la alcaldesa. Se trata de una casa de tres plantas, 327 metros cuadrados y un valor aproximado de medio millón de euros. A nombre de la empresa familiar, Embarba Pinilla, los agentes de la UDEF encontraron dos casas en una urbanización de Manilva (Málaga), en plena Costa del Sol. Además, la familia de la alcaldesa acumulaba tres casas en su pueblo y medio centenar de fincas, que sumaban casi 700.000 metros cuadrados. Una parte de estos terrenos estaba arrendada a Parques Eólicos, la empresa que instalaba los molinos de viento.

Durante el año que duraron las pesquisas, los agentes de la UDEF comprobaron el grosero nivel de vida de Mariví Pinilla: viajaron cuatro veces en 2008 a su casa de República Dominicana; viajó una vez a Polinesia, donde se casó con su marido por el rito balinés; hizo un viaje a Italia y acudió a Mar de Plata, en Argentina, a ver la final de la Copa Davis de tenis en un palco vip, un viaje que le costó a la alcaldesa más de 20.000 euros. Su hijo Víctor pasó en ese periodo unos días en Jamaica con su novia y otro de sus hijos, Jorge, estuvo en Londres. La policía también comprobó como Jorge enterraba miles de euros apostando en casas de apuestas especializadas en baloncesto profesional norteamericano.

Y todo esto estalla en marzo de 2009, cuando la policía detiene a la alcaldesa de La Muela. La policía arresta a Victoria Pinilla, a su marido, a parte de su equipo de gobierno, a funcionarios municipales, a empresarios… Los registros practicados en los domicilios de los acusados y en las cajas de seguridad de los bancos dan también una idea perfecta del grado de corrupción que anidaba allí: en seis cajas de distintas entidades bancarias guardaba 450.000 euros; en un bolso de mano, Mariví Pinilla tenía 9.000 euros y en un bolsillo de su chaqueta, su hijo Víctor guardaba 18.000 euros más. La alcaldesa pasó cuatro meses en la cárcel, tiempo en el que no renunció a la alcaldía, de la que salió en 2011, tras 24 años de mandato.

Y tras más de seis años se instrucción judicial, ahora llega el juicio en el que, por fin, la alcaldesa se sienta en el banquillo para responder por esos años de desenfreno… Ha sido una causa gigantesca, con más de 40 encausados, algunos de ellos fallecidos durante el proceso, 90.000 folios, 30 piezas de situación personal. Hay tres grandes grupos de acusados: la ex alcaldesa, su ex marido y sus tres hijos, a los que las investigaciones señalan como beneficiarios de varios millones de euros pagados en dinero negro, buena parte de ellos procedentes de Arnade, la sociedad que gestionó el urbanismo de La Muela durante los años de la burbuja a través de la SUM, la Sociedad Urbanística Municipal.

En otro gran grupo de imputados están los promotores de proyectos urbanísticos y contratistas que habrían pagado millonarias mordidas al tercer grupo de acusados, es decir, los empleados municipales y ex concejales. La Fiscalía solicita en sus conclusiones provisionales más de siglo y medio de cárcel.

La reina del viento tiene una petición de 37 años de prisión y 26 millones de euros en multas; Julián de Miguel, el presidente de Arande, 24 años de cárcel y 23 millones de multa; el ex marido de la alcaldesa, Juan Antonio Embarba, se enfrenta a una petición de once años y medio de prisión; sus tres hijos, entre tres y cuatro años; Carmelo Aured, primo de la alcaldesa y ex alcalde, 19 años; dos ex concejales, con 17 y 7 años de prisión, y el arquitecto municipal, con 20 años, son el resto de los principales imputados.

Están acusados de la práctica totalidad de los delitos que tienen que ver con la corrupción: cohecho, revelación de secretos, negociaciones prohibidas a funcionarios públicos, tráfico de influencias, prevaricación, fraude en las subvenciones, malversación de caudales públicos, blanqueo de capitales…

Es difícil saber si volverá a prisión, porque en la primera semana de juicio, una vista que se reanudará tras las vacaciones de navidad, varios de los acusados llegaron a acuerdos con la Fiscalía y la Agencia Tributaria para conformarse con penas que no supongan su ingreso en prisión, a cambio de reconocer su responsabilidad y, sobre todo, pagar las multas para reparar el daño económico causado. De momento, la alcaldesa y su abogado no se han pronunciado, aunque están a tiempo de llegar a acuerdos.

El ayuntamiento de La Muela, gobernado ahora por la Chunta Aragonesista, acumula condenas y embargos por valor de 14 millones de euros y arrastra una deuda que le ha llevado a la intervención. La Agencia Tributaria se queda 70.000 euros mensuales de todos los ingresos del consistorio, que tiene embargados hasta los beneficios que producen los molinos de viento de los que hizo bandera María Victoria Pinilla.