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'EL HUIDO QUE LEYÓ SU ESQUELA' / EDITORIAL PLANETA

Fernando Delgado: "Hay muchas pelucas como la de Trump y muchas coletas"

Convaleciente de una operación, el periodista y escritor Fernando Delgado (Santa Cruz de Tenerife, 1947) se deja caer en un sillón donde prácticamente tumbado responde a las preguntas sobre su último trabajo literario 'El huido que leyó su esquela' (Planeta). A pesar de la intervención quirúrgica de la que se recupera airoso, asegura no haber cesado en su otra ocupación transitoria, la de político. Tampoco la escritura porque siempre le acompaña. "Y así será", sentencia.

Carlos Rodríguez |  Madrid |  Actualizado el 11/05/2017 a las 14:49 horas

¿Concluye ahora algo más que una trilogía?

La verdad es que no me propuse una trilogía. Con la primera novela ‘No estabas en el cielo’ (1997) era eso, una primera novela. Pero luego más allá que el tema propiamente dicho fue transcurriendo el ámbito de la cuestión que es la culpa, el ahogo, la escapada, la huida. Y entonces es cuando planteo una segunda novela, ‘Isla sin Mar’ (2002), donde una abuela y un nieto van analizando la vida de la propia familia. Después recuperé la idea inicial del relato del hijo cuyo padre desaparece pero esta vez en boca del padre que recupera su propia historia. Y creo que aquí ya acaba. No soy muy amante de las trilogías pero me vino impuesta. Es verdad que la trilogía se puede entender a veces como una historia sucesiva en distintos grandes capítulos pero aquí no es necesariamente eso. Es más un clima que una historia continuada

'El huido que leyó su esquela' bien podría ser el título de una película del Oeste

(Ríe). La verdad es que he manejado varios. El último fue ‘Un pez sin nombre’. En realidad me vino de una crítica al primer libro donde quien la escribió propuso precisamente el título actual. Y creo que no está nada mal

Aquí también se huye como en aquellas cintas de John Ford o Sergio Leone

Cierto. La huida tiene un valor de encuentro lejos de suponer que de lo que se trata es de una escapada en la que uno excluye cualquier referencia de encuentro. La huida siempre te lleva a alguna parte

¿Y tiene edad?

No necesariamente. Y a veces el deseo de huida se perpetúa en uno. Hay un deseo permanente a lo largo del tiempo. Yo me he visto a veces convocado por la huida sin necesidad. No he tenido que huir nunca de nada ni de nadie pero la emoción de la escapada siempre me ha interesado

Recomendaría a la gente que huya de vez en cuando

Hay muchas cosas de las que huir ahora. Bueno, seguramente que en todo tiempo hubo cosas de las que huir pero este es un tiempo especialmente idóneo para ello. Lo que pasa es que no se sabe hacia dónde porque la escapada es muy difícil. El panorama es terrible no sólo aquí en España, también en el exterior. Si miras fuera y ves esa caricatura demencial de ese personaje que se llama Donald Trump parece que encarne un peligro para la humanidad. Verdaderamente es un demente peligrosísimo que puede hacer mucho daño a este universo

Sobre el concepto de culpabilidad más allá del veredicto de un juez, en este libro se habla y mucho

A veces la culpable es la justicia. Puede serlo. Por eso el camino de la culpa es un recorrido con distintas emociones y características. A veces la culpa es un sentimiento de consuelo, otras un sentimiento de odio, de venganza. Pero fíjate como, por ejemplo, en la educación cristiana, el pecado es la culpa y no es lo mismo no matarás que no desear a la mujer de tu prójimo. Con todos mis respetos no son lo mismo unos pecados que otros. No es lo mismo una culpa que otra. Hay culpas deseadas

Eso es lo que le ocurre a Carlos, el protagonista principal

Es poseído por la culpa en todo momento

También por la memoria

No sería novela sin memoria, es verdad. Ni haríamos repaso a nuestra vida sin memoria ni podríamos entender la vida sin memoria. A veces la memoria es falsa. Como la culpa. No debemos dejar de considerar que a veces se impone la falsedad sobre conceptos de la vida que creemos limpios. Y no se impone esa falsedad porque nosotros queramos sino porque los recovecos de la memoria, los de la mente o el corazón, van marcando la falsedad de nuestra propia historia

No le vendría mal a la política dosis añadidas de memoria

No le vendría mal sobre todo el imperio de la razón. Estamos en una sociedad excesivamente circense en el peor de los sentidos. Que me perdone la gente del circo. La razón ha desaparecido del mapa. No se impone la reflexión. Se impone el juego de palabras, la gesticulación absurda, la caricatura, el circo. Vivimos en una sociedad en la que no se piensa y en la que aquellos que teóricamente lo hacen proyectan una imagen tan deplorable, con tan escasa pedagogía ética, que realmente asistimos a un espectáculo deplorable y peligrosísimo

Y eso tiene nombre

En efecto. Ese nombre es guerra. Aunque las guerras sean ya otra cosa. Eso tiene nombre porque se traduce siempre en crueldad, en injusticia y en la ambición podrida de seres mezquinos y mediocres. Falta el talento y la inteligencia y esto se ha convertido en una sociedad de caricatura, deplorable. La peluca de Donald Trump, ese pelo horrible que tiene, no deja de ser la peluca de una caricatura espeluznante para la humanidad. Hay muchas pelucas como la de Trump y muchas coletas

¿Hay mucha huida en política?

Hay escapadas cobardes. Porque creo que hay una huida reflexiva de uno mismo, que puede ser justiciera con uno mismo pero hay huidas cobardes. Escapadas irresponsables

¿La política necesita más escritores o más policía?

Necesita más ciudadanos. La política no necesita profesionales, ni empleados ni dar sueldos. La política necesita ciudadanos que salgan y entren en la política. Que sirvan a la sociedad, se marchen a tiempo y no se aprovechen. Gente honrada, capaz y con cabeza. Servidores públicos. Y los servidores públicos no hacen oposiciones. Los políticos somos ciudadanos elegidos por los ciudadanos para cumplir una misión durante un tiempo

Y a ese bando se ha pasado ahora

No me paso a ese bando. Estoy para cooperar y ayudar. No soy un profesional de la política y tampoco quiero serlo. Me he dedicado siempre a la literatura incluso cuando he tenido responsabilidad de dirección en medios de comunicación o he desempeñado mi actividad como periodista. No he dejado nunca de leer y escribir que es lo que fundamentalmente me interesa y lo que me seguirá interesando el resto de mi vida. Mi paso por el Parlamento valenciano es provisional y lo acepté porque era un amigo quien me lo pidió y porque pensé que este era un tiempo verdaderamente nuevo. Pero no es así. Es un tiempo muy viejo. No encuentro ningún espíritu de renovación ni imperio de la razón y desde ese punto de vista me encuentro defraudado con el panorama que tenemos. Si bien en el caso de la Comunidad Valenciana como había tanto que purificar y limpiar creo que se están cumpliendo razonablemente bien los propósitos de renovación. En ese sentido estoy satisfecho

¿Hay salvación para su otra disciplina, el periodismo?

Hay como siempre buenos periodistas y gente muy capaz en los medios. Pero los medios fallan. Cada día son más pobres las redacciones y es más difícil para el profesional atender las cosas con tiempo y rigor. Y luego está la desafección pública a los medios y a la lectura. Se venden más libros curiosamente y en cambio el país está poco culturizado. Los periódicos cada vez son más deficitarios, tienen menos clientes, menos profesionales, menos páginas. La prensa escrita no ha encontrado su papel porque quizá tema que su papel sea más limitado y menos rentable. No cabe duda que si uno lee el periódico por la mañana y ya ha echado un vistazo a su tablet la noche anterior comprueba como ya está totalmente informado. En este sentido la radio es muy vigorosa. Y eso que pudo extinguirse cuando apareció la televisión. Pero no. Las cosas que pasan, pasan antes de nada por la radio.