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Analizamos The Amazing Spider-Man, publicado por PANINI COMICS dentro de su colección Marvel Gold

La importancia de llamarse Peter (Parker)

Les voy a decir una cosa… si este mes sólo pueden leer un cómic por dios que sea éste. Y les

diré aún más, no se arrepentirán. No sólo porque en poco más de 450 páginas o lo que es lo

mismo 2 años y medio de The Amazing Spider-Man (del número #78 al #99), se recopila una

de sus mejores etapas (finales de los 60 y principios de los 70, o sea, Stan lee a los mandos

y Romita padre, Buscema y Gil Kane a los pinceles), sino porque descubrirán (y si no, ya se

lo cuento yo más abajo) por qué Spidey se convirtió en el niño mimado de la Marvel, icono

popular y referente sociocultural de toda una generación.

Mario Terol | Madrid | Actualizado el 14/05/2015 a las 16:47 horas

Colección Marvel Gold. The Amazing Spider-Man, publicado por Panini Cómics.

Colección Marvel Gold. The Amazing Spider-Man, publicado por Panini Cómics. / Héroes y Villanos

El héroe que puedes ser tú

Cuando en 1962 Stan Lee y Steve Ditko nos presentan a Peter Parker, un adolescente huérfano, tímido, solitario e inadaptado y cuya inteligencia le traerá por la calle de la amargura, muy pocos por no decir nadie verían en este looser, la gallina de los huevos de oro en la que se convertiría más tarde. Entre otras cosas y aprovechando lo de las aves de corral, porque hasta la fecha, los personajes en la edad del pavo eran meros secundarios bajo la supervisión de un adulto que a su vez ejercía de tutor, véase el Robin de Batman o el Bucky Barnes del Capitán América. Sin embargo, sería ésa misma mezcla de chaval-corriente-tirando-a-penurioso al que el azar le dota de superpoderes, lo que atrapó a cientos de miles de fanáticos en sus redes. (¡Ja! Si no lo soltaba reviento…)

El tomo que hoy os traemos es una recopilación de 22 cómics que se publicaron entre noviembre de 1969 y agosto de 1971, un período en el que este personaje sufrió una evolución sorprendente. A finales de los sesenta, la relación profesional entre Stan Lee y Ditko era insoportable y a pesar de la buena marcha del hombre araña, con la aparición de John Romita, todo cambió. La excelente química entre guionista y dibujante vio sus frutos no sólo a nivel creativo, sino que su popularidad y ventas aumentaron considerablemente colocando al trepamuros por delante incluso de sus compis de Fantastic Four.

Pero había algo más. Algo que enganchaba y que por supuesto tenía que ver con nuestra naturaleza voyeur: Porque la gente quería saber cómo afrontaría Peter Parker sus problemas económicos y qué pasaría con la delicada salud de tía May y cuándo reuniría el valor suficiente para confesar a su gran amor, Gwen Stacy, que él era Spiderman y, por supuesto, cuándo dejaría de lado sus incorruptibles valores y empezaría a pensar un poquito en él mismo porque, sinceramente, todo eso de ser superhéroe le quedaba bastante grande… Y un largo, larguísimo etcétera de cuestiones que se quedaban en el tintero y que Stan Lee dosificaba de manera magistral. Quizás hoy The Amazing Spider-Man sacaría los colores a más de uno con sus irritantes y absurdos remordimientos o esa voz en off repetida hasta la saciedad, pero no hay que perder la perspectiva, han pasado más de cuarenta años, los gustos cambian, las cosas cambian, la gente cambia pero Peter Parker sigue siendo un héroe frustrado, un tipo normal y corriente, como tú y como yo, bendecido con la peor de las maldiciones: Poder y conciencia.

Spiderman es muy pop

Si dejamos a un lado el morbo que puede despertar los sufrimientos de nuestro personaje, hay otro gran condicionante que ha determinado el éxito de este cómic y su posterior consagración como icono popular. Quizás esto sea compartido por toda la línea editorial en general, algo así como marca de la casa, pero sí es cierto que en The Amazing Spider-Man está llevado a su extremo: la contemporaneidad. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, los cómics, por muy fantásticos que sean, son hijos de su tiempo. Ésa ha sido la gran aportación de tipos como Stan Lee al mundo de la viñeta. Concretamente, en cualquiera de estas historias, más allá de la lucha entre el bien y el mal, la aparición del villano de turno, el conflicto interior del protagonista y todas esas cosas que se presuponen en un cómic superheróico, en éste además hay moda y drogas y política y preocupación por lo que está pasando a pie de calle… Les pondré algunos ejemplos:

Flash, el amigo militar de la pandilla, embarca en un vuelo hacia la Guerra de Vietnam, la reflexión de Peter Parker mientras agita su mano al aire, refleja lo que la gran mayoría de norteamericanos pensaba sobre esa guerra: ¿Qué es peor? ¿Quedarse atrás mientras otros tíos luchan…? ¿…O luchar en una guerra que nadie quiere contra un enemigo que no odias? Chapeau por el señor Lee, aunque no siempre estará tan acertado, en ocasiones (y con calzador) mete algunas joyitas del tipo: ¡América! ¿Por qué tiene que ser una sociedad tan violenta? Y la respuesta, sin desperdicio: ¡Puede que no sea más violenta que las demás, pero como somos libres, no escondemos nada. ¡Lo importante es que nos importa y nos esforzamos! Con dos cojones. O ésa otra en donde Bullit un aspirante a fiscal corrupto se queda tan pancho al acusar a Spiderman de rojo: ¡Estamos en guerra con los anarquistas de izquierdas que intentan destruir nuestra gran y orgullosa nación! Necesitamos fuerza para castigar a los que se burlan de la ley… ¡Llevaré a Spiderman y otros como él ante la justicia…!

Pero no todo va a ser politiqueo, también se hace eco de la irrupción de esa nueva mujer autosuficiente, liberal e independiente que empezó a tomar forma durante la década de los sesenta en la sociedad estadounidense. No soy de nadie, más que de mí misma y así es como me gusta. Nos vemos, ricitos, le decía Mary Jane Watson a Harry Osborn. En realidad, el personaje de Mary Jane acabó escapándoseles de las manos, lo que empezó como contrapunto a la recatada y modélica Gwen Stacy (novia de Peter Parker) para afianzar esta relación, acabó encandilando de tal forma a los lectores que Peter terminaría enamorándose de ella, pero claro, eso es otra historia.

Por último, y por si todavía no les he convencido, les pondré otro ejemplo de la importancia social de este cómic. A finales de 1970, con la serie en su máximo apogeo, Stan Lee recibió una carta del Departamento de Salud, Educación y Bienestar en donde se le invitaba a crear una historia en la que se advirtiera a niños y no tan niños del peligro de la drogadicción. Lee accedió de buen grado e incluso optó por incluir esta trama en la serie regular (en lugar de crear un especial, que solían tener menos seguidores) acercando este tema a un mayor número de lectores. Harry Osborn pasó a ser un yonki de los estupefacientes del número #96 al #98 y a pesar de que la CCA (Comics Code Authority) organismo de autorregulación no dio el visto bueno a esta trama y retiró su sello, Marvel optó por seguir adelante y publicarlo sin el mismo. Finalmente, la presión social hizo que la CCA rectificara.

En definitiva, este tomo que publica Panini es, entre otras cosas, un auténtico manual de buenas prácticas, un glosario del perfecto ciudadano y, por supuesto, del norteamericano ejemplar. Una publicidad magistralmente estudiada que ha contribuido y mucho a la colonización y consolidación (a su manera pero tan eficaz como la que más) de EEUU como país de las oportunidades.

Edición Original: MARVEL GOLD. El Asombroso SPIDER-MAN. ¡Por fin desenmascarado!

Editorial: PANINI CÓMICS

Guión: Stan Lee

Dibujo: John Buscema, John Romita y Gil Kane

Formato: Cartoné, 480 págs. Color

Precio: 39,95 €